El mágico jueves, algo tiene es día, tal vez sea porque se acerca el fin de semana y ya dejó de ser miércoles de ayuno y ceniza, pero algo ha de tener porque siempre me ocurren esas cosas raras.
Un jueves fue el día en que conocí por primera vez el sabor de tus labios, y un jueves los labios de otro conocieron el sabor de los mío, fue un día tan bello, que comencé a olvidarte, se me borró de la mente ese jueves en que me invitaste a un concierto allá en lo alto de la montaña, y que resultó totalmente aburrido, no se si fue porque eras tu la compañía o por esa banda que sabía de todo menos de música.
Ahora recuerdo esos jueves cuando mis ojos se volvieron a abrir justo ahí en la puerta del salón, cuando él se me acercó y por poco me quemo con la aromática que tenía en las manos.
Un jueves decidí irme de la ciudad, todo estaba listo, los tiquetes comprados y no me quise despedir de nadie, tan solo abordé el colectivo con la mochila sobre los hombros lanzándome a conocer nuevos mundos.
Ahora existen entre los dos muchos kilómetros, ya no quiero ir a visitarte, a él lo extraño, tal vez venga a verme en pocos meses, y tu seguirás ahí tan inmobil como siempre, como esa noche, como esa noche en que te dije que no quería volver a verte, quédate allá y no preguntes a nadie por mi porque no voy a estar.
El próximo jueves tengo una invitación, presiento que encontraré a ese amor de primavera que tanto me han prometido, quizá se sorprenda con mi acento tropical o enloquezca con mis rulos tan exóticos en este país, pero si no aparece, seguiré a qui tratando de cambiar el sentido de los días, buscando que los jueves no sean días de amores ni de cambios de rumbo, que simplemente se transformen en un día en que el universo conspire para que los corazones palpiten y les salga del centro una llamarada enorme, como esa que los bomberos intentaron apagar la otra noche del pecho de aquel sujeto que no paraba de mirarme desde el otro lado de la calle y que con una manilla que algún despistado dejó guardada en una esquina, decidió romper su silencio y decirme todas esas cosas que yo ya había visto salir en forma de fuego de su pecho, lo más extraño de todo es que ese día era un jueves y medio.
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