Te acuerdas de la pulsera que me regalaste la otra noche, esa noche en que el vino fue nuestro mejor compañero mientras veíamos caer la lluvia y tu me mirabas como un niño, sonreías, buscabas darme un beso y yo me escabullía, que al final terminamos viendo juntos el amanecer y nos despedimos aunque sabíamos que nos íbamos a seguir viendo desde la vereda de en frente.
Hace ya largo tiempo que no te veo, alguien me dijo que preguntaste por mi en el mismo bar de la otra noche, pero no te quisieron dar razón de mi paradero, yo tampoco intenté buscarte, me pareció mejor dejar que un encuentro casual decida volvernos a cruzar por las calles de esta ciudad, mientras que por ahora, yo te recuerdo cada vez que uso esa pulsera que me regalaste la otra noche para estar mas cerca del sol, pues cada mañana con ella ato a un lado la cortina de mi cuarto para que se haga de día.