Todo era caos en la ciudad, los vecinos encendían las alarmas de sus casa, se escuchaban fuertes explosiones en la calle, la radio anunciaba que los militares estaban atentando contra los civiles, el gobierno de turno siguió con su ofensiva y militarizó cada esquina de la ciudad, se observaba como los tanques de guerra se posaban en las plazas y le lanzaban chorros de agua a los activistas que protestaban.
Entre tanto él, desde la terraza de su casa observaba lo que ocurría y pensó en idear un método para unirse a la marcha sin tener que salir de casa, pues al pertenecer al movimiento activista campesino su rostro andaba circulando por las calles de la ciudad en enormes vayas y carteles instalados por los servidores del poder militar.
Así fue como tomó algunos frascos y botellas vacíos que tenía guardados en casa y los transformó en bombas molotov con la ayuda de la gasolina que logró extraer del auto de su padre sin pedir autorización. Lanzó la primara bomba y con ella incendió la parte delantera de uno de los tanques militares, lanzó la segunda bomba y la basura acumulada en la esquina de en frente ardió impidiendo el paso a una cuadrilla de uniformados, cuando se dispuso a lanzar la tercera bomba teniendo la vista fija en los militares, ese tic de bajar el brazo repentinamente hizo que fallara su puntería y que todo el contenido incendiario se volcara ardiendo en llamas sobre sí, quemando gran parte de su rostro y sus brazos.
En medio de la ansiedad y la desesperación por no saber qué hacer, si salir a la calle con su rostro desfigurado rumbo a un hospital donde le pedirían su documento de identificación y se percatarían al ver que el chico de la foto es el que la policía anda buscando para encarcelar, o quedarse con ese nuevo rostro sin darle vuelta a los hechos asumiendo su error y tratando de calmarse el dolor con remedios caseros.
Recordó en ese instante que faltaban sólo tres semanas para su graduación como actor, que en esa obra sería uno de los tres mosqueteros y que con su rostro incinerado no podría desempeñar el papel que por tanto tiempo había preparado; fue así como decidió lanzarse a las calles, corriendo de una esquina a otra ocultándose de los otros como podía. Se encontraba en medio de una batalla campal y no sabía si unirse a los activistas o pedir auxilio en el hospital militarizado que había a dos calles de su casa.
Finalmente logró ingresar por la puerta de urgencias al hospital donde fue recibido por un par de enfermeras con escudos militares quienes no le pidieron identificación para atenderlo....
Cotinuará...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario