Cuando van siendo las dos o tres de la mañana, ella, considera que va siendo hora de irse a la cama, pero se detiene, más por vicio que por necesidad a mirar qué hora es, trata de guardar el dato con el fin de tenerlo como punto de partida para contar las horas de sueño al día siguiente,
Esta chica, con sus extrañas costumbres, empieza por apagar la música que la acompaña noche a noche, cierra ese libro gordo que reposa en sus piernas, ese que lleva leyendo hace un par de meses del que a lo sumo logra comprender un tercio de lo escrito, guarda todos esos papelitos con apuntes y tareas pendientes que tiene regados entre la mesa de noche, su escritorio, el piso y la cama, busca una camisa para dormir y se olvida de la hora que había mirado instantes antes.
A esa altura de la noche, empieza a preguntarse por las tareas pendientes, y claro, el tiempo empieza a diluirse, a esconderse de su comprensión, y resulta que cuando dice hoy, entonces ya no es hoy sino ayer, pero cuando dice ayer, resulta que no es ayer sino anteayer, y si piensa en mañana, es peor, porque "mañana es hoy" y hoy es mañana, y si hoy es mañana, mañana es pasado mañana.
Entonces es cuando siente que se ha perdido en el tiempo, que ya no sabe en qué momento determinado se encuentra, y todos los planes que tenía para mañana se le confunden, como ocurre también con esos recuerdos de lo vivido ayer, es allí cuando entre tanta preocupación mezclada con cansancio acumulado, cae dormida y sueña, sueña que es un reloj de pulso en la mano de nadie, pero que se encuentra marcando la hora exacta en algún lugar del universo, el misterio aquí es indagar quién ve la hora que marca como ayer, hoy o mañana. Un dilema total.