lunes, 31 de marzo de 2014

La puerta gato y el violín dormilón

...A Yami y también al tri-o maravilla.

Todas las noches se escuchaba el mismo maullido, especialmente las noches de jueves en las que las tres chicas llegaban al departamento de la bailarina con dos bicicletas, que de una u otra forma cabían junto a ellas en el pequeño ascensor de aquel viejo edificio ubicado en el centro de la ciudad.

La mayoría de las veces, estas tres mosqueteras llegaban destilando agua por todas partes, especialmente por las llantas de sus vehículos de propulsión a pedal, pero a causa de toda la cerveza que acostumbraban a tomar llegaban siempre a las carcajadas y contándose mil historias sobre gallos y gallinas de todo tipo, a tal punto que lo menos trascendente era la humedad que por poco inundaba el departamento y se escapaba por sus enormes ventanales.

Todos los jueves se repetía la historia, con el agravante que cada una de ellas cargaba responsabilidades matinales de viernes de carácter impostergable y que sus despertadores habían enloquecido cambiando de sonido o diciendo "dormir activado", de modo que siempre debían salir incluso sin desayunar a cumplir con sus responsabilidades de último día ordinario de la semana.

Durante una de las tantas noches en que este grupo de chicas se reunía ocurrió algo inesperado, pues un silencio sepulcral invadió el living del departamento, las tres solo atinaron a mirarse con los ojos muy abiertos y sin realizar ningún tipo de movimiento ni pronunciar palabra, se quedaron escuchando un sonido felino que provenía del departamento de arriba, que más que un sonido, parecía un ruido cinematográfico digno de una película de Hitchcock, las chicas intentaban retornar a sus conversaciones banales, pero el ruido de cuando en cuando regresaba como quién en una noche de insomnio sale de su cuarto al baño o a la cocina y regresa en repetidas ocasiones.

A eso de las cuatro de la madrugada, cuando ya debían irse a dormir, si es que pretendían llegar a tiempo a cumplir con las responsabilidades que el mundo capitalista les había impuesto y que ellas enceguecidas habían aceptado, las teorías a cerca de los ruidos felinos del piso de arriba comenzaron a tomar forma. 

En efecto, resultó que luego de investigaciones exhaustivas descubrieron que el maullido no provenía directamente de un felino, sino mas bien de un objeto inanimado que debido al insomnio del vecino del arriba, tomaba vida propia durante las noches lluviosas de jueves, fue así como la puerta del vecino terminó por ser bautizada como la puerta gato, esa misma que no dejaba dormir tranquilo al violín de una de las chicas, pues le hacía pensar en que quizá fue fabricada con el mismo material de aquellas cuerdas que se negó a usar hace un par de décadas.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Días

Existen días tan extraños, tanto que no parecen días
otros días son solo sol y cielo sin nubes
pero estos que ahora transcurren
son días de solo noche
días de nubes cargadas
días en que la luna se niega a salir
días en que los perros se dedican a ladrar
días en que el tiempo no pasa
días en que los rostros se miran indiferentes
días en que los oídos se vuelven sordos
días de pura y física ansiedad
días de odio y malos recuerdos
días de pesadillas a las tres de la tarde
días de peso sobre las plantas de los pies
días en que el pecho no siente ni un solo palpitar.

Pero hoy no se que ha pasado
hoy no es uno de esos días
pues ha llegado el día de gritar
el día de romper el silencio
el día de dejar atrás las cadenas
el día de recordar el motivo de las heridas
el día de darle cuerda al mundo y ponerlo a rodar
el día de agarrar la locura con los dientes 
el día de retornar a la esencia
el día de sentir el aire resbalarse por los poros
el día de saber que las estrellas están ahí así no las pueda ver...

...despierta!

viernes, 21 de marzo de 2014

Cartas sin marcar

A la mañana la rutina de siempre, levantarse muy tarde, dormir siempre media hora más, salir del cuarto con las lagañas pegadas, tomarse un café cargado para despertar y seguir el mismo procedimiento a que lo acostumbraron los dominadores de su sistema, era tal el acostumbramiento de este ser, que no importaba si llovía o hacía mucho sol, el siempre hacia lo mismo. Todos los días le daban igual, nada lo turbaba, nada le hacía sentir distinto; el tampoco se preocupaba mucho por realizar grandes cambios, a decir verdad, lo único que cambiaba era su rostro, pues cada día se le veía mas debilitado, con una palidez que le hacía ver las venas a través de la blancura extrema de su piel.

Al medio día, siempre abría una de esas latas extrañas y eso era su almuerzo, se limitaba únicamente a calentar su contenido y devorarlo rápidamente, no tomaba bebida alguna que no fuera café, y no cualquier café, pues se había habituado a consumir esta bebida en grandes cantidades y bien cargada. Nunca se tomaba una siesta, le parecía totalmente innecesario, ya le bastaba con haber dormido durante gran parte de la mañana como para desperdiciar parte de su tarde recostado en un sillón.

Cuando empezaba a caer la tarde, su pecho comenzaba a sentirse palpitar, pues le emocionaba en sobremanera que se aproximara la noche, pues aunque suene extraño, para este ser, la noche, era su parte favorita del día.

Llegaba la noche y siempre se asomaba por uno de los orificios que daban hacia el techo del lugar tan solo para ver asomarse alguna estrella y convencerse de que desde algún lugar ella podría llegar a verla también, y ese era su consuelo, pues desde que se separaron, el no quiso volver a ser el mismo, se negó a volver a recorrer todos aquellos lugares por donde la llevaba tomada de la mano, no volvió a comer su comida favorita, prefería no despertarse si no la iba a encontrar a su lado, prefería mas bien seguir durmiendo e intentando soñar con ella y voltear la almohada, pues una de sus tías, medio bruja por cierto, había dicho que si lo hacía tal vez ella soñaría en las noches lo mismo que el.   

De ella no se volvió a saber nada, algunos comentaban que se la había tragado la tierra, otros que se había ido para Tierra del Fuego, los más optimistas decían que estaba intentando regresar, pero que como era tan desorientada se le dificultaba bastante el camino y él, no se atrevía a formular ninguna hipótesis, a causa del puro y físico miedo que le generaba ilusionarse con volver a ver de nuevo sus ojos grises.

Un buen día, ella decidió volver, llegó sin maletas, sin acompañantes, tampoco nadie la esperaba, incluso, los que antes teorizaban a cerca de su paradero habían olvidado la historia. Ella, al bajar del tren con su pequeña mochila sobre un hombro y la mira suspendida, sólo atinó a sacar su libreta y comenzar a relatar la historia de su viaje, mientras se hacía de día y los colectivos de la ciudad empezaban a rodar, cuando ya iba por el segundo mes de correrías, encontró entre las páginas de su cuaderno un sobre que nunca antes había visto, no estaba marcado, tampoco traía estampilla, pero claramente guardaba una nota en su interior, así que sin más, decidió abrirlo y comenzar a leer la carta.

Querida Julia,
Siempre he querido tener un lindo detalle contigo, pero se bien que eres una chica difícil y complicada para recibir presentes, siempre quieres que uno no se moleste, me dices que no es para tanto, aun recuerdo el día en en que aparecí en tu casa con esa cajita que tan sigilosamente me había decidido a elaborar para guardar en su interior algo digno de ti, lo recuerdo tanto o como tu cara al verme con ella en la mano; te mostraste tan enojada que no dudaste ni un segundo en rechazar ese detalle que yo estaba teniendo contigo, sin siquiera saber cual era el contenido de aquel empaque.
Hoy guardo esta carta en tu libreta con la esperanza de que algún día te sorprenda entre sus páginas y no ver tu cara de rechazo a los besos que te había guardado el otro día en la cajita y que me despreciaste sin pensarlo, pero como soy un estratega obstinado decidí empacarlos en este sobre para que te acompañen hasta que lo abras y que te llenen de cariño mientras terminas de leer esta carta pues en número son equivalentes a las palabras escritas.
quien siempre te piensa, 
Martín.


Al terminar de leer la carta, esta mujer sentía como se le erizaba el cuerpo, y pensó en idear la forma de volver a encontrarse con él, pero todo fue un fracaso, ya que las teorías sobre su desorientación fueron bastante acertadas, tanto que en las terminales de pueblos y ciudades, se ve a una joven con libreta en mano intentando comprar un pasaje de vuelta en el próximo colectivo.

martes, 18 de marzo de 2014

Amor de carnaval

Era noche de carnaval, todos salimos de casa buscando baile, murga y folclore. Era la primera vez en que iba a escuchar la murga donde una de mis grandes amigas que vestida de arlequín tocaría los platillos, al verla, mis ojos casi se desorbitan, era otra, parecía un sueño, su carita toda pintada, ese traje que parecía de película y su gorro enorme con puntas, me emocioné tanto, que la abracé y terminé llena de escarcha por todas partes, parecía que tuviera puesto un vestido de brillantes perfecto para el baile y justo ahí, entre el abrazo y la emoción, apareció él con una sonrisa grande, nos presentaron, hablamos un par de minutos y nos separamos porque había mucha gente en la fiesta a quién seguir saludando.

Saludé al cocinero de la otra noche, al chico que cada tarde me trae un puñado de flores a cambio de un abrazo que dure veinte minutos, a mi amiga la de la bicicleta y el baile sensual, me crucé unas cinco veces a mi amiga la peli azul, a la chica que perdió a su cachorro, a un abogado de estatura inversamente proporcional a su sarcasmo, a mi extrañada amiga rastafari y su reconocida frase "cuéntamelo todo", a un par de perros y hasta a un payaso acróbata que se estaba comprando una cerveza.

La noche avanzaba y la murga sonaba, yo estaba muy tranquila, esperando a que mi amiga bajara del escenario para darle un gran abrazo, cuando en esas que nos encontramos, estaba el nuevamente allí, nos acercamos a ella a darle un abrazo colectivo que nos llenó aun mas de escarcha y mientras esperábamos a que se quitara el traje de arlequin él y yo fuimos a comprar algo para tomar, hablamos de cotidianidades, nada extraño, conocimos a una chica bastante particular que andaba con un bombón rojo como el amor entre su mano y su boca, llegó mi amiga la platillera, nos tomamos una bebida de cebada con ella y él se despidió pronunciando un simple hasta luego.

No pasaron más de tres minutos, para que la chica del bombón se acercara a mi a hacerme una pregunta de esas que te dejan paralizado en medio del patio, yo le dije que sí, me tomó de la mano y me llevó corriendo por entre la muchedumbre hasta la puerta donde el me esperaba al lado de su bicicleta, yo no sabía que hacer, solo lo abracé y le pregunté lo mismo que me preguntó la chica del bombón,  el me respondió que sí, entonces nuestros labios se juntaron como en un cuento de hadas, el me tomó por el cuello, acarició mi rostro y me dijo "eres mi hermosa, nos vemos en el carnaval" yo le sonreí, lo volví a besar y desaparecimos entre un estruendoso sonido de platillos.       


lunes, 17 de marzo de 2014

Viaje sin cámara 2.0: el regreso

Una vez recorrido el Valle Sagrado, y como ya lo dije, sin tomar tren, pero  tampoco avión, se llegó la hora de regresar camino al sur del sur, sin que por ello el viaje se diera por terminado y comenzara una travesía de un colectivo a otro.


PERU

I. Cuzco

De nuevo por las calles de Cuzco pero esta vez solo para conseguir un buen almuerzo, comprar un par de recuerdos e ir por la mochila al hostel, durante esta última labor, nos encontramos con la noticia de que doña Eva estuvo preguntando por nosotras y nos dejó un detalle particular a cada una traducido en un CD de Miki Gonzales y un par de aretes con motivos incas.

Cuando ya estábamos listas para salir del hostel hacia la terminal, volvió a aparecer doña Eva, allí estaba con su carita de emoción por volver a vernos antes de nuestra partida, nosotras, también nos emocionamos un montón al verla, al final nos quedamos un rato hablando con ella, le agradecimos por toda su amabilidad y la de su familia, y terminó llevándonos hasta la terminal de Cuzco, allí nos despedimos como cuando uno se va de la casa a un viaje largo, al menos yo tenía esa misma sensación en el estómago, doña Eva se fue y nosotras nos quedamos esperando a que fuera hora de partir cuando de repente ahí estaba Maria Eugenia, su hija, quién también fue a despedirse de nosotras y otra vez la emoción de verla y la nostalgia de la despedida invadiéndonos, hasta que llegó el momento en que nos tuvimos subir al colectivo y partir hacia un nuevo destino.


II. Puno (Noooooo.)

Llegamos a Puno, ahí en frente del Titicaca, pero esta vez del lado peruano y eso si que fue evidente, el lago no tenía ese color cristalino que recordábamos de Copacabana, sino una gran sabana verde mohosa y un olor terrible, esa vez no visitamos la Isla de los Uros porque ya lo hicimos en el viaje pasado y el recuerdo que quedó fue un poco triste por la teatralidad que adoptaba la comunidad para vender turísticamente el lugar.

Era muy temprano aun, hacia frio, el sol no calentaba, pero con todo y eso nos fuimos a recorrer el pueblo, y en definitiva, nada nos motivó a quedarnos allí, así que como ya teníamos los pasajes comprados a Copacabana nos hfuimos a la terminal a ver si nos adelantaban la salida, pero no fue posible, entonces nos quedamos esperando a que fueran las dos de la tarde para irnos, en esas el vendedor de pasajes nos comentó que había un bloqueo en la vía desde ese día en la mañana y que por tanto si queríamos ir a Copacabana tendríamos que caminar entre siete y diez kilómetros que eso vendrían a ser mas o menos dos horas largas, hicimos consejo de emergencia y decidimos aventurarnos a un viaje que recordaba mucho la experiencia pasada donde Cata, Vane y yo debimos salir de Copacabana también caminando hasta la frontera con Perú porque la carretera también estaba bloqueada por los campesinos.


III. El camino del mochilero 

El colectivo partió de Puno y a tan solo una hora de camino ya estaba el bloqueo, así que a bajarse del bus, agarrar la mochila, cubrirse del sol y salir caminando. Por la carretera nos encontramos con los campesinos que se encontraban en pie de lucha bloqueando el paso de vehículos con rocas, botellas de vidrio quebradas y grandes troncos de madera, nosotras seguíamos caminando golpe a golpe, verso a  verso, hubo momentos en que tuvimos que parar un poco porque el peso de la mochila nos hacía agotar mas rápido y eso simado a la altura de las montañas peruanas, no es que sirva de mucha ayuda para una larga caminata.

Al final después de caminar al menos dos horas y subirnos en el bolquete de un carrito de acarreos, llegamos al lugar donde nos esperaba el siguiente bus que en teoría nos llevaría hasta Copacabana, nos subimos y otra vez arrancamos, una hora después llegamos a Kasani donde nos cambiaron otra vez de colectivo y entre cambio y cambio, Vane perdió sus artesanías; en ese lugar nos encontramos con la sorpresa de que las oficinas de migraciones de Perú y de Bolivia estaban cerradas y todos los que veníamos en el bus no teníamos mas que hacer que pasar la noche en Copacabana y madrugar al día siguiente a hacer sellar el pasaporte, la empresa de colectivos, nos dijo que ya había hablado con el personal de migraciones y que no había problema con que nos quedáramos esa noche en Copacabana, solo con la condición de regresar a primera hora a hacer sellar nuestros respectivos pasaportes, yo olía algo extraño en el ambiente, pero con el cansancio que teníamos, lo mejor era ir a pasar la noche allí y madrugar al día siguiente.

El tipo de la empresa de colectivos nos citó a la mañana siguiente a primera hora, donde nos dijo que nos llevaría a la frontera y nos volvería a traer a Copacabana, palabras que fueron un farsa, pues al final salió con mil pretextos y ni siquiera nos pagó el pasaje de ida y vuelta a la frontera.

Y estábamos otra vez en Kasani, mientras cruzabamos hacia el lado peruano empezamos a entonar otra vez "solo voy con mi pena, sola va mi condena, correr es mi destino para burlar la ley, perdido en el corazón de la grande Babilón, me dicen el clandestino por no llevar papel", en Perú todo estuvo bien, nos sellaron el pasaporte marcando salida sin problema, el lío como de costumbre lo vivimos en la oficina de migraciones boliviana, dónde de milagro no nos pidieron examen de orina, pues querían saberlo todo, y la razón muy sencilla: nuestra nacionalidad colombiana. Al final después de pelear, lloriquear y hasta hacer una buena actuación, terminaron sellándonos el pasaporte y pudimos volver a Copacabana.


BOLIVIA

I. Copacabana

Igual que antes de salir de Colombia, en un lugar llamado Copacabana compartímos con Laura lo que quedaba del viaje, ahora el turno le tocaba a Copacabana pero la de Bolivia, donde pasamos lindos días mojadas por la lluvia obstinada que caía por esos días sobre toda Bolivia, en ese lugar conocimos a un trío de personajes que se autodenominaba "Mixtura Fina" reconocidos mundialmente por su menú alimenticio: sanduche de palta (aguacate)24/7, uno de estos personajes: Mariano, me enseñó un par de trucos de magia, que por mala praxis me tienen con un sin número de monedas entre las orejas y otro tanto en el brazo, sin contar con los lapiceros que tienen orden de captura con copia en la Interpol.


De Lau y Ana lucía nos despedimos el mismo día en que Vane y yo partimos hacia la Isla del Sol a vivir una experiencia alucinante, no tuvimos tiempo de llorar ni de salir persiguiendo el colectivo en que se subió nuestro pequeño pony, pues nuestra barcaza zarpaba a la misma hora que su colectivo con destino al Perú.

Durante el recorrido a bordo del navío conocimos a una pareja de chilenos adorables con quienes no solo compartimos viaje, sino un par de noches, vinos y risas en frente del lago sagrado; al segundo día de nuestra estadía, valga aclarar que no se trataba de un cómodo hotel de lujo sino de una modesta carpa con su respectivo plástico y canaleta, pues la lluvia por esos días no quería detenerse ni con una cruz de sal dibujada sobre la tierra con un cuchillo clavado en la mitad; nos encontramos otra vez con el trío del sanduche de palta y con el al segundo majo de este viaje, porque el tercer mago se quedó en Copacabana después de enseñarme el truco de la moneda antigravitacional que no he podido poner en práctica porque las agencias espaciales del Tio Sam me tienen vigilada y no pienso compartirles semejante proesa, sencillamente, porque no lo merecen, a eso le llaman los que saben karma, maldito karma.

En ese lugar pasamos dos noches a punta de carpa, lluvia y menú auspiciado por mixtura fina, vimos amaneceres de ensueño, quisimos colaborarle a Cortázar con su soñado oficio de cazar crepúsculos, pero como tampoco eramos cineastas, fracasamos en el intento, recorrimos las ruinas de la montaña y como no podía faltar la sumergida en el lago, probamos sus deliciosas y al mismo tiempo muy heladas aguas, de las cuales salimos tiritando pero felices, allí también adquirimos un increíble bronceado boliviano, que nos hizo agradecerle al universo por el hecho de no tener cámara entre nuestras pertenencias para que no quedaran pruebas del tono que adquirieron nuestras pieles.

Nos despedimos de la Isla del Sol, evidentemente sin ganas de irnos, ese lugar atrapa desde el mas experto en huir hasta al mas incauto de todos, así que si alguien se anima a ir, mejor lleve provisiones para quedarse al menos una semana allí totalmente desconectado del resto del mundo, aseguro que valdrá la pena.

Sin más regresamos a Copacabana, pasamos allí una noche, nuevamente en la casa de doña Nelly la de los dientes enchapados en oro con forma de corazón y su invitación que tuvimos que rechazar por fata de tiempo, ya que se trataba de una fiesta organizada por ella donde invitaba a todo el pueblo, con turistas incluidos,no importa que fueras indio, negro, blanco o hasta gringo, podías disfrutar de baile con orquesta, comida y cerveza paceña, todo gratis porque Nelly invita para ganarse el respeto del pueblo, ese evento ocurrió dos semanas después de nuestra partida de Copacabana.


II. La Paz

Y vuelve a sonar el clásico de Papo en versión acomodada "porque no hay nada como ir juntos a La Paz", esta vez no llegué con traumatismos en mi cabeza por fortuna y la compañía no pudo haber sido mejor que la de mi gran amiga Vane.

Estando allí otra vez fuimos a buscar el hostel donde paramos el año pasado con nuestros amados amigos Max y Cata, solo faltaban ellos dos para que la felicidad fuera completa, pero como no podíamos convertirnos en un par de lloronas porque corríamos el peligro de convertirnos en un elemento de exhibición para la calle de las brujas al lado de algún talismán o de la canasta con palo santo o lo que es mas terrorífico, al lado de los abortos de llama disecados.

Así que siguieron las aventuras, por las calles de La Paz al ritmo de la renga porque "cuando vaya pa' Bolivia por las calles voy a andar, quizás entre en un cine y después entre en un bar,: seré amable con la gente, les daré mi corazón, y a cada fiesta que me inviten, les cantaré mi canción", y así fue, especialmente el día en que queríamos hacer conquista intelectual a la salida de una conferencia llena de antropólogos, sociólogos y filosofos, de esos que tienen la mala costumbre de cautivarnos, pero la conquista duró poco porque nos fuimos a acompañar al pueblo, a la gente que protesta día y noche en frente de la casa de gobierno y que no teme a la policía, porque la policía que por cierto parece que fueran hombres disfrazados de policía de juguete, les teme a ellos...mas les vale, y que NO SE CONSTRUYA EL PUENTE DE LA GARITA, porque más de una chola se quedará sin pan para darle a sus hijos en casa.

De nuestra visita a La Paz no podía pasarse por alto el paso por la calle de las brujas ya mencionadas, por donde pasamos con carita feliz para que no nos contrataran de lloronas, o lo que es peor, para que no nos disecaran y nos dejaran en la vitrina de algún local, allí conocimos a doña Adela quién por su nombre sonoro nos puso a cantar "si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar, si es por mar en un buque de guerra, si es por tierra en un tren militar", esa encantadora mujer que no podría huir por mar por simple imposibilidad geográfica, ahora, lo que a su lado aprendimos es que si llevas un condorcito pequeño en tu mochila tendrás un viaje bonito, que si alguien te regala un gallito, es probable que conozcas a un chico que conquiste a tu corazón o que te vuelvas irresistible para el género masculino, al igual que para el femenino si te regalan una gallinita, que los talismanes te auguran buenas cosas según la figurita que traigan adentro que puede ser desde una casa, un auto, buena vida y hasta una pareja, usted escoja nomás .

Adelita al vernos tan entuciasmadas, nos hizo un para de presentes, para que tengamos buena fortuna y encontremos y un amor o que el nos encuentre a nosotras, hasta ahora, Vane y yo andamos de una racha sorprendente, a ella todos la invitan a una cosa y a la otra, y a mi, los rizos se me han potenciado a tal magnitud que su poder de conquista no tiene precedentes.

En La Paz también pasamos por el mercado de las Alasitas, que es una alucinación total, allí venden cualquier cosa que uno se llegue a imaginar pero en versión miniatura, como para el chapulín colorado cuando se toma sus pastillas de chiquitolina, se encuentran cosas muy bizarras, tanto que yo terminé comprándole a mi amigo Nico Valentini una casa con papeles, es decir, con escritura pública y todo el asunto, Vane firmó de testigo y la señora que se la rezó decía "santa barbara, santa ana, san no se quién, san tal y san pascual, que ese muchacho Valentini tenga su casa...en allá" y lo repetía varias veces, Vane y yo no sabíamos si ponerle seriedad al asunto o morirnos de la risa, ahora Nico tiene su casa, en modelo alasitas, esperemos que pronto nos invite a vacacionar a su nueva casa ...en allá.

Solo falta un lugar por relatar de nuestro recorrido por La Paz y no podía ser otro que la locura de mercado del alto, del que nos habremos caminado una quinta parte o quizás menos, pero del que regresamos llenas de cosas, entre ellas mochilas, vestidos, faldas, camperas, sacos, medias, calzas y de milagro no nos chantan algún balón pinchado o un par de zapatos con la suela desgastada, porque no hay lugar mas bizarro después de las alasitas que el mercado del alto y si no me lo cree vaya usted para que lo compruebe con sus propios ojos.


Entre todas estas aventuras hubo un día en que nos escapamos de la ciudad y nos fuimos a conocer en persona al original del monolito fraile


III. Tiwanaku

Llegamos a ese lugar donde las rocas toman las formas que nuestros ancestros eligieron para permanecer entre nosotros a pesar de la destrucción, la suplantación, la degradación y todos aquellos otros males que nos trajo el mundo occidental; allí no sabíamos si reír o llorar, la indignación se apoderó de nuestro ser al ver tanta profanación junta, tanto descuido, al observar el robo que la iglesia misma le hizo a la cultura, cuya muestra mas descarada y evidente fue el templo ubicado en la plaza principal del pueblo, construido con las rocas que hurtaron de los monumentos, de la cruz del sur que partieron en mil pedazos y que tuvieron el descaro además de usar las imágenes sagradas de los tiwanaku en parte de las columnas del templo para crear confusión en torno a la adoración de los dios-ses.

En los museos, porque en eso convirtieron a cada una de las ruinas, todo estaba hecho un desastre, tanto que no se comprendía por qué los costos tan elevados en la boletería, aunque estar en el templo sagrado, escuchar la acústica increíble del lugar a pleno cielo abierto ver al monolito ponce, al monolito fraile, a la puerta del sol, al espejo de las estrellas y a otras tantas maravillas fue muy hermoso. Quejas, todas las del mundo, empezando porque el museo de las rocas era el más descuidado de todos cuando debió haber sido el más importante, literalmente estaba en ruinas y eso que llevaba tan solo tres años funcionando.

Al final nos fuimos de Tiwanaku con el alma partida en dos e indignadas por el abuso y el hurto a una cultura tan ancestral y maravillosa como la que siglos antes se erigió en ese lugar.


IV. Coroico

Las ganas que teníamos de ir a la selva no se quedaron sólo en eso, pues nos pusimos en marcha hacia Coroico, ese lugar famoso por su antigua carretera también denominada como "la ruta de la muerte" allí estuvimos en medio de la montaña, nos sentíamos como en algún pueblito de cordillera colombiano, aunque el lugar tenía algo de misterio, una energía extraña corriendo por las calles, las casas y hasta por los rostros de las personas, se respiraba cierto aire de invasión y de maltrato, no se si fue sugestión mía pero había algo raro en ese pueblo, aunque el paisaje compensa cualquier cosa, ver las montañas llenas de verde y con un par de nubarrones acompañándolas no tiene precio, esto sumado a que en esa región de la geografía boliviana se cultiva café orgánico, muy similar al que uno se encuentra por Colombia, eso me puso tan feliz, sentir ese aroma me estaba enloqueciendo y a Vane también, porque se quería salir por los poros de mi mochila toda la fragancia del café que hoy me hace compañía en las tardes rosarinas.

En ese lugar nos encontramos con la imagen que cualquier antropólogo aficionado pagaría por ver, justo allí desde una de las esquinas del parque había una chola afro, una negra de esas que uno fácilmente se encuentra deambulando por cualquier lugar del pacífico colombiano, lo cual nos llenó de interrogantes y empezamos a preguntar por esta maravilla, fue así como descubrimos un lugar al que no habíamos planeado ir justo en medio de la montaña.


V. Tocaña

No se trata de un pueblo común y corriente, es más bien una comunidad y ellos se autodenominan así, a mi también me gusta esa denominación, me parece que tiene un significado más apropiado para lo que ellos son y lo que comparten entre sí. Ese lugar incluso no cuenta con la infraestructura de un pueblo de los que uno está a costumbrado a ver, tanto que el día en que llegamos, una de las señoras que venía con nosotras en el colectivo nos invitó a quedarnos en su casa y se bajo antes del colectivo, así en plena carretera -no pavimentada-, y se subió a su casa que estaba a unos treinta metros por un caminito, nosotras le dijimos que primero queríamos ir a la plaza y mirar para no incomodarla, lo más particular fue que el colectivo dio una curva más y ya estábamos en la "plaza" que no era mas que la calle donde estaban la escuela, la iglesia y un par de tiendas, en una de las cuales a plenas nueve de la mañana había un grupo de sujetos tomando cerveza  paceña, entre ellos, el propio dueño del local.

Al encontrarnos con semejante paisaje, decidimos entonces regresar a la casa de Benancia, donde me encontré con unos ojos que me mataron de amor, esos eran los ojos de Joaquín, un pequeño de año y medio de edad, que literalmente se enamoró de mi o de mi pelo, aun no lo se, pero era el mas coqueto del mundo conmigo y yo feliz con él y con el sonido de su tambor.

En ese lugar compartimos con Elvira y Vlentina, un par de chicas chilenas bastante divertidas, con a quienes llevábamos cruzándonos por el viaje en repetidas ocasiones, la primera vez fue en Cuzco, luego en Copacabana y luego en Coroico, de donde partimos juntas hacia Tocaña a seguir viviendo la aventura denominada Bolivia, el menú allí siguió siendo sanduche de palta, patrocinado nuevamente por mixtura fina, pues en la única tienda del pueblo no había más que un tendero borracho que del pedo que tenía hasta le preguntaba a uno cuanto le debía devolver y para acabar de ajustar se disculpó por su estado, diciendo que su esposa había muerto, nosotras muy avergonzadas le dijimos que lo sentíamos, frente a lo que respondió que ella había muerto hacía diez años, entonces nosotras no sabíamos si reírnos de su mal chiste o apenarnos de su dolor.

Luego de la tienda, nos fuimos a explorar el pueblo, e inesperadamente estábamos en el patio de doña Candelaria, que viene a ser la madre de Benancia, estaba ahí sentada tranquila sintiendo el aire, observando la montaña, escuchando al viento zumbar y a las aves del campo trinar, todo parecía más que un sueño, una alucinación, ella se veía tan tranquila, nos transmitía toda su paz y nosotras no podíamos hacer otra cosa que sonreir, pasamos gran parte de la tarde compartiendo con ella música e historias y seguimos recorriendo la montaña hasta que se hizo de noche y la luna llena se nos mostró como un gran faro en el cielo.

Al día siguiente nos despedimos de Tocaña, de su paisaje y de su gente bella, con las ganas de regresar más temprano que tarde a compartir muchos más días con las personas y el paisaje.


*La despedida

De Tocaña nos fuimos directamente a la Paz, porque "no hay nada como ir juntos a La Paz", donde pasamos la última noche de viaje activo juntas, pues ya por falta de tiempo y presupuesto era hora de que Vane partiera hacia el norte y yo hacia el sur, recorrimos otra vez un poco la ciudad, empacamos bien nuestras mochilas a las que ya no les cabía un recuerdo ni un trapo sucio más, al amanecer, vane partía primero que yo, así que tomé su mochila y la acompañé hasta el colectivo y sin más, nos abrazamos, no lloramos tanto como el año pasado, nos dijimos cuanto nos queríamos y chao, hasta pronto, ojalá que la  próxima vez sea en Colombia.

Como mi colectivo salía en la tarde, decidí aprovechar el tiempo libre para recorrer mis calles favoritas de La Paz con el corazón suspirando especialmente en aquel lugar donde se escucha la voz del poeta decir...

Certeza

De la profunda herida inflingida,
nunca manó la sangre desalentada,
que pudo conceder:
"el mar está más lejos que una noche pasada".

En la ronda de las oscuras horas
Una sangre fecunda y porfiada,
se empeña en repetir a cada instante:
"el mar está más cerca que mañana".
                                         
                                                                  Jaime Caballero Tamayo


ARGENTINA


I. Ledesma - San Francisco

Y regresé al país austral con un cansancio terrible, así que volví a encontrarme con mi amigo el mago, quién me invito a la selva, propuesta a la que no me pensé negar, así que nos encontramos en san  Salvador, tomamos colectivo a Ledesma donde tuvimos que pasar la noche para poder madrugar al día siguiente a San Francisco, lugar al que nos llevó un amigo suyo -el veterinario carnívoro-, por el camino, encontramos un árbol de guayabas, para mi era como un sueño hecho realidad, hacía tanto que no me comía una de esas frutas que fuí muy feliz al degustar nuevamente su sabor.

Ya en san Francisco, todo parecía un sueño, sólo se respiraba aire puro, no había señal de celular, la gente se veía pasear por los caminos muy sonriente, a cada curva de la carretera había un nuevo paisaje digno de ser enmarcado, desde las montañas, los abismos, los animales y los torrentes de agua, en ese lugar sentimos una conexión increible con la naturaleza, tanto, que nos mirábamos y se notaba en la cara del otro un estado de felicidad que pocas veces se puede experimentar en la selva de cemento.

Me despedí del mago, quién desapareció misteriosamente en un clic y continué mi camino hacia la ciudad natal del comandante Ché Guevara.


II. Rosario

Otro largo viaje en colectivo y otra vez el río Paraná a pocas cuadras de mi casa, calles para recorrer en bicicleta, un altillo desde el que se ven los mejores atardeceres de la ciudad, los rosarinos del piso de abajo, amigos entrañables, el silvato del tren en la noche y vuelta a la realidad, perdón a la cotidianidad, porque Rosario siempre estuvo cerca

lunes, 3 de marzo de 2014

Viaje sin cámara: La ida

Hace un par de meses, me debatía entre ir a surcar la montaña y ver el mar de Chile cantando con entonado acento "Cuando pa' Chile me voy, cruzando la cordillera, late el corazón contento, una chilena me espera", pero del otro lado pensaba en arrancar camino arriba para abrazar a mis extrañadas amigas y de paso aprovechar para surcar los andes.


ARGENTINA


I. Viaje a dedo

Era jueves como en el viaje pasado, y yo ahí estaba con mochila al hombro emocionada con la idea de regresar a recorrer esos paisajes que la vez pasada me dejaron palpitando más fuerte el corazón, se bien que pude haber quedado con apunamiento o soroche crónico, pero se parece tanto al amor por la montaña que no se convirtió en obstáculo.

Y arrancamos!, iba con mi compañero de aventuras por Rosario, ese amigo que es como un hermano en este lugar donde para escuchar un acento colombiano basta con ir a visitar su casa y cocinar porotos de esos que aquí quedan duros como piedras sin importar si fueron remojados con  tres días de anticipación o si fueron tirados a la olla así no más. Pues tomamos el colectivo hasta la "ruta 9" y allí nos dispusimos a echar dedo literalmente, nos aventaron cerca de siete autos, se contaron entre ellos colectivos, camiones, destartalados, ultimo modelo y hasta un cargador de soja, del que tengo memoria como si ayer mismo hubiésemos pasado la noche en su volquete con residuos del alimento transgénico incluidos (que olor a agro tóxico!) y acompañados por las almas del cementerio que se encontraba a tan sólo un muro de distancia.  


II. Córdoba

El viaje continuó sin sustos ni fantasmas perseguidores, llegamos a dedo en medio del sol inclemente sólo hasta la ciudad de Bell Ville, en la provincia  de Córdoba, luego, colectivo hasta Córdoba capital, donde nos esperaba otra compatriota colombiana, la bella y loca Diana con su gato Leo y su amiga Frida, la gata invitada para las vacaciones, en esa ciudad recorrimos plazas y parques escuchamos el acento cOoordobé y hasta nos embriagamos durante un par de noches. Mi amigo se siguió hacia Chile, no se si lo esperaba una chilena, pero nuestros senderos se bifurcaron, ya se imaginarán ustedes a mí quienes me esperaban.

Las historias ocurridas en esta provincia no terminan aquí, pues aún no me había visto con Florencia, una cordobesa a quién conocí en Bolivia durante el viaje anterior y que no podía perder la oportunidad de estar en su tierra para saludarla, tampoco me podía quedar sin saludar a Esteban, otro cordobés amigo que conocí en Rosario, de enorme sonrisa y calidez total con guitarra incluida, con el pasamos una noche entre cantos desafinados y desentonados, chamuyo cordobés aportado por su amigo Daniel y risas infaltables.

Con Florencia nos fuimos de acampada cerca de Carlos Paz, mas exactamente en cuesta blanca, caminando un poco mas hasta llegar a la famosa playa de los hippies, un lugar absolutamente hermoso, incrustado en la montaña, con un rio cristalino y arena mágica que brilla más que la del mar con los rayos del sol, allí conocimos a Diego que viene a ser el romeo de Flor y a Martín un chico de Quilmes -es un pueblo no una cerveza para este caso- muy amable que nos ayudó a cargar la mochila en un tramo de la caminata. 

De allí a correr porque se acababa el viaje por Córdoba y me esperaba Hugo quién más adelante me llevaría en su vehículo de encomiendas hasta mi siguiente parada, ello gracias a Daniel el amigo chamuyero que conocimos en la casa de Esteban.


III. Jujuy

Ahi estaba yo, muy bien sentada en el asiento de copiloto de un auto que llevaba encomiendas de Córdoba capital a Tucumán, Salta y Jujuy, todo durante la noche y la madrugada, fue una locura total, tanto que en un momento me sentí en una película de terror, tal vez fue el segundo capítulo de la amanecida al lado del cementerio, pues íbamos por una carretera en línea recta, casi desolada, yo del aburrimiento ya me estaba quedando dormida, cuando de repente abrí los ojos y justo ahí, adelante de nosotros iba un camión gigante con el logo de una empresa dedicada a la fabricación de ataúdes, si señores, de cajas de muerto, a plenas tres de la mañana, en una carretera desolada, un terror total. Al final llegamos a San Salvador de Jujuy  sin cajas de muerto ni cadáveres empaquetados, o al menos eso no me dio a entender Hugo.

Seguí mi rumbo sin hacer paradas en capital, mas bien camino a la montaña, pensada mas en grande justo ahí en el cerro de los siete colores de Purmamarca, debo confesar que me esperaba siete colores de vegetación y no de tierra, pero fue muy hermoso estar allí, sentir como los andes empezaban a estar mas cerca de mi, ver la montaña, apreciar las noches estrelladas bastante lejos del nivel del mar,tanto así que dos de ellas se pusieron a jugar en el cielo mientras yo asomaba mis ojos por fuera de la carpa en ese camping a donde me mandó Patagua, el hombre de los charangos en el centro del pueblo.

Luego de esa noche, el viaje por el norte argentino siguió rumbo a Tilcara, donde me encontré con un viejo mago conocido, con quién compartí un par de días alucinantes en un lugar donde el hecho de tener montañas de tierra te hace sentir en otro planeta. Con él visitamos el taller de Haro Galli, un artista que definitivamente vale la pena conocer y publicitar, por esa particular forma de representar a nuestros campesinos andinos y sus tradiciones, también fuimos a un recital donde una amiga suya: La Lule quién presentaba su primer trabajo discográfico con su voz hermosa.

Me despedí de Tilcara y del mago, y con ello no solo del norte argentino sino del país en sí mismo, pues mi siguiente parada tenía cara de chola.


BOLIVIA


I. Villazón y el viaje a La Paz

Otra vez tener a la mano el pasaporte, hacer una fila eterna y cantar "solo voy con mi pena, sola va mi condena", diligenciar un formulario en el que te preguntan hasta si vas a entrar a Bolivia por mar y si has tenido problemas graves con la ley, en fin, tramites burocráticos que atan a las personas arrancándoles poco a poco su libertad.

Luego de las quejas, y ya con el pasaporte sellado, me encontré con un grupo de personajes únicos en su especie, ellos, "los chicos de La Rioja" tres chicos que se llamaban Charly entre ellos y una linda chica: Naty, quienes al igual que yo iban para La Paz, así que nos juntamos y nos fuimos en el mismo colectivo rumbo a la capital de las calles inclinadas y los nevados imponentes en medio de los andes, y otra vez se vino un tema a la mente con algo de distorsión "porque no hay nada como ir juntos a La Paz".

En el colectivo íbamos los cinco juntos en la última fila de asientos muy contentos y divertidos, ya se entraba la noche y cada quien fue durmiéndose como pudo, cuando de repente, un salto, gritos y un fuerte golpe en la cabeza, varios sentimos que se había llegado la hora final, pero fue mas el susto que nos generó el irrespeto del conductor al pasar un hueco de la vía a alta velocidad y el golpe en la cabeza que despertó a más de uno, como al Charly propiamente dicho que salió volando casi hasta la mitad del colectivo y a Willy -otro de los charlys- que dió una vuelta en el aire ya que llevaba los pies sobre el asiento de adelante.

Al fin llegamos a La Paz con un cansancio terrible, pero ahí estábamos más tranquilos y con ganas de dormir en un lugar estable y sin más sobresaltos.


II. La Paz

Nada como un buen hostel, un buen baño y descansar después de un viaje tormentoso, y como llegamos en la mañana, en la tarde La Paz fue nuestra, salimos a almorzar al mercado, caminamos por la peatonal, visitamos la Plaza de Murillo, fuimos a un mirador, al estadio y nos paseamos otro rato más por la tradicional plaza de San Francisco y a descansar, porque a varios aun nos dolían los golpes que recibimos en el colectivo.


III. Copacabana

No es la ciudad donde habitan Maru, Petronilo, Guadalupe, Susy y Laura, aunque podrían aparecer algunos paralelos asustadores. Yo no lo podía creer, ese pueblito al que la última vez había llegado en barco y del que me había ido caminando con mochila al hombro, estaba otra vez ahí frente a mis ojos aletargados, el Titicaca otra vez en frente con su inmensidad, me estaba enloqueciendo de la felicidad y de hecho no pude ocultarlo y grité, fue tan genial volver a estar allí.

Y las aventuras solo estaban comenzando, recuerdo que nos quedamos en una cabaña justo en frente del lago, desde mi cama, tapada hasta el cuello con las cobijas abrí los ojos en la mañana y lo primero que vi fue a un barquito de totora flotando sobre sus aguas; ese día fuimos a la montaña del viacrucis, que lo es literalmente, para subirla hay que tener tremendo estado físico y provisiones de hoja de coca. La vista del lago desde aquel lugar parece un montaje fotográfico, solo hace falta poner un par de patitos de hule al lado de las embarcaciones que allí descansan para completar la imagen.

Le dije a Copacabana hasta muy pronto y a los chicos de La Rioja, los abracé con un "ojalá nos volvamos a topar"


PERÚ


I. El Cuzco

Tras dos horas de espera en la terminal al fin estaban ellas ahí con su carita de emoción, mientras a mi me saltaba el corazón por volverlas a ver; la primera en aparecer fue Laurita, con una campera blanca, yo la reconocí a lo lejos y mis ojos no pudieron evitar llenarse de lágrimas, detrás de ella venían Vane y Ana Lucía, yo salí con mochila al hombro directo a abrazarlas, estábamos tan felices de volver a encontrarnos, parecía que el tiempo no hubiera pasado y que tan solo un día antes hubiésemos estado juntas tomándonos un café y escuchando tangos en el málaga.  

Una vez caminamos desde la terminal hasta la plaza de armas con mochila incluida, decidimos alojarnos en el mismo hostel del año pasado, ahí al lado del restaurante vegetariano; el Cuzco estaba bastante lluvioso, pero eso no fue obstáculo para disfrutar el paisaje, las calles, la gente y lo mejor de todo, la compañía que había estado lejana durante largos meses.

En una de esas jugadas del destino que uno no se espera la conocimos a ella: a doña Eva y a su amorosa familia, el trato que recibimos de su parte nos hizo sentir como en casa, con ellos comimos almuerzo tradicional cusqueño que empezó por un delicioso Pisco Sour, seguido de papas a la huancaína -Laura, y la huancaína donde está? -, tallarines horneados, ají de tomate, chicha morada y hasta inca-kola para el que se quisiera antojar, mate de coca para la digestión, y luego, cervecita cusqueña negra para pasar una tarde llena de risas y de fantasmas, (esta vendría a ser la tercera parte de la historia de terror del viaje) pues Vane y Laura vieron un espectro reflejado en uno de los vitrales de la casa y se pusieron pálidas literalmente del susto.

Con doña Eva y su familia recorrimos parte importante de los sitios que sí o sí hay que conocer del Cuzco, nos sentíamos como en una suerte de tour de esos que te da un familiar cuando vas a conocer la ciudad en que vive, tanto así que nos prestaron unos curiosos abrigos para subir al cerro en medio de la noche a divisar la ciudad, dónde por fortuna no había cámara entre mis pertenencias, pues de lo contrario las fotos mostrarían los bocadillitos en que terminamos convertidas.


II. El Valle Sagrado

Llevábamos, ya varios días en el Cuzco y no nos decidíamos si ir o no a Machu Pichu tanto por razones ideológicas como monetarias, así que para no alargar más la toma de decisión arrancamos rumbo al valle sagrado, la primera parada fue Ollantaytambo, lugar que conocíamos de el año pasado pero al que habíamos ido por la ruta de pisac y no por la de nos nevados que fue una locura total, tanto que yo tenía ganas de dormirme en el colectivo, pero no podía cerrar los ojos por la emoción que me generaba ver cada maravilla que se iba asomando durante el recorrido...hasta la maleza era hermosa: vestida de flores amarillas.

Una vez en Ollantaytambo y sin los dolores de rodilla del año pasado, recorrimos el pueblo, tendimos paño, exploramos las ruinas, nos percatamos de la forma de mazorca que tiene el pueblo, la canalización y el sistema de riego inca que aun sigue vigente, los perros eternos compañeros y especialmente fuimos muy felices; pero como diría la canción "todo tiene su final, nada dura para siempre", hubo que emprender camino hacia el siguiente destino denominado Pisaq.

Para llegar a Pisaq desde Ollantaytambo, debe tomarse un colectivo a Urubama, atiborrado de lugareños e historias locas que en esta ocasión no relataré; y de allí tomarse otro con destino a Pisaq. Resulta que todo iba bien, incluso la conversación que sosteníamos con un español residente en Urubamba que trabajaba en el Valle Sagrado, en una empresa de turismo comunitario; mientras el nos comentaba su experiencia, los lugareños escuchaban atentos, era muy particular como la cholita que estaba sentada al lado de Vane miraba fijamente a Juan, cuando ya ibamos llegando a Urubamba al fin los oyentes rompieron el silencio y empezaron a opinar sobre el tema en discusión, fue tan hermoso estar ahí escuchando su testimonio.

Nos bajamos del colectivo, nos despedimos de los compañeros de viaje y salimos en búsqueda de transporte para Pisaq, la noticia que recibimos fue que el último se había ido hacía  media hora y que para llegar a nuestro destino era necesario esperar al día siguiente y tomar el primer colectivo que salía a las 5:30am; fue así como sin intenciones de nada, terminamos pasando la noche en un hotel lujoso con precio de hostel en el corazón del valle sagrado: Urubamba.

Y como ya estábamos ahí, pues aprovechamos para recorrer un poco el pueblo en la noche, fue así como nos encontramos con una plaza de armas poblada de árboles que más que eso parecían la casa de un par de hadas, tal vez de las amigas de campanita y de los niños perdidos del país de nunca jamás, luego entramos a un café donde lo que menos no esperábamos era que su dueño fuese un gran ceramista, ese lugar parecía un museo de cerámica, realmente bello.

Descansamos en nuestras confortables camas, disfrutamos de nuestro baño privado y al día siguiente madrugamos rumbo a Pisaq, a dónde llegamos muy a las 6:30am y emprendimos camino rumbo a las ruinas del templo del sol y de la luna y el cementerio inca mas profanado que se conozca, en ese lugar pasamos un hermoso día, Vane y yo no pudimos evitar recordar a Hipolito, el chico que conocimos por ese camino en el viaje anterior con un bastón de madera y flores silvestres en la mano, mientras que sobre su cabeza llevaba una gorra emblemática del comandante Ché Guevara, y quién nos habló del papel que estaban desempeñando las ONG'S en su pueblo dañando el rio y abusando de los campesinos, nos mostró el camino al INTIWATANA, camino que esta vez nosotras le mostrábamos a Laura y a Ana.

Para describir el lugar y la sensación que te invade cuando abres los ojos y ves la imponencia de la montaña y el amarillo de la mal llamada maleza, se necesitarían rollos infinitos de papel, así que queda la recomendación para ir y dejarse atrapar por la magia del lugar.

Terminó el recorrido por Pisaq, incluyendo ruinas arqueologicas y mercado de artesanías, lo que hizo que llegara el momento de regresar al Cuzco y con ello iniciar el viaje de regreso hacia el sur, haciendo caso omiso a Charly García porque no fuimos en tren, tampoco en avión.