jueves, 15 de noviembre de 2012

Soñando con el soñador

Anoche soñé con Cerati, estaba tocando con su banda, yo miraba sus rizos y me decía - este sujeto se me hace conocido. El se movía de un lado a otro, rasgaba su guitarra con una gran pasión, el publico estaba enardecido de la emoción, todos saltábamos y cantábamos, nos despelucábamos y gritábamos a todo pulmón cuando comenzaba una nueva canción y la identificábamos por su melodía de apertura.

Durante la presentación, el sujeto se mostraba plácido y me ofrecía una mirada de esas indescriptibles que a su vez llenan de paz tu interior, en ese momento, fue cuando recordé su nombre Cerati...Gustavo Cerati, al parecer el se percató del asunto y me sonrió, nos miramos y sentí como si estuviera cantando solo para mi en medio de tanta gente.

Al despertar, recordé que lleva varios años en un profundo sueño, fue entonces cuando descubrí que anda saltando de sueño en sueño ofreciendo conciertos a locos como vos y como yo "si pudiera decírtelo, de alguna u otra manera lo haría".

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Historias de buseta

Nos dirigíamos al centro de la cuidad en una de esas busetas que viajan en forma de zigzag por las calles sin soltar el pie del acelerador, nos sentíamos como en  una suerte de montaña rusa, nos aferrábamos fuerte a los asientos de enfrente. Si nos mirábamos, era para mostrar nuestros rostros de espanto, si alguien se disponía a descender del vehículo transportador, era tenido por nosotros como un super héroe desafiante de la gravedad y de la fuerza centrípeta de las teorías de la física clásica.

Fue entonces, cuando aparecieron ellas, un par de damas con aspecto de "Maria de la Luz Cervantes",  se sentaron justo al lado de nosotros, las miramos, y nos volvimos a sostener de los asientos delanteros; estas dos mujeres hablaban en un lenguaje complejo, nosotros no comprendíamos lo que decían, y aunque no nos interesase el tema de conversación, el volumen que  imprimían a la misma era tal, que el chirrido de las llantas de la buseta al frenar se veía opacado.

Un sujeto que se encontraba ubicado en uno de los asientos de la parte trasera del vehículo  las miraba con un dejo de indignación, eso nos provocaba risa, pero no más que la de gran parte de los pasajeros de la buseta cuando estas mujeres preguntaban una y otra vez al conductor si pasaba por la calle de Villanueva, "sí, ahí por la clínica, al lugar al que vamos queda como a cinco cuadras de allí", este par de féminas se preguntaban y respondían a si mismas una y otra vez la dirección del lugar al que se dirigían hasta que una de ellas pronunció "vamos para el hospital mental".

Vamos para el hospital mental, al escuchar estas palabras el interior de la buseta se quedó en total silencio, hasta el radio que el conductor llevaba encendido y atiborrado con melodías oriundas del norte de la geografía nacional entró en paro, los rostros de los pasajeros palidecieron de inmediato, luego, unos empezaron a agitarse, otros continuaban con la mirada perdida, mi compañero me miraba un poco perturbado mientras yo seguía tranquila, pues solo vine a hablar por teléfono.