domingo, 28 de abril de 2024

Un machete con cacha naranjada

Antioquia, lugar donde nací, es conocida mundialmente por el dicho "no traiga machete que  aqui le damos" y es así, porque no hay casa campesina antioqueña que no tenga por lo menos un machete o dos y mi casa nunca fue la excepción.

En la casa donde fui criada, siempre hubo varios machetes, el de mi papá que tenía su respectiva cubierta de cuero con ramales mas conocidos como "Martín Moreno: el que quita lo malo y pone lo bueno", que servían como amenaza de castigo para los niños y niñas de la casa con mal comportamiento. Había otros machetes, que se usaban para desherbar, para cortar rastrojo, para bajar un racimo de plátanos, o simplemente de adorno.

Entre tantos machetes había uno muy particular, aquel de cacha naranjada que estaba siempre en un muro al lado del lavadero de mi casa, lo recuerdo como con una memoria fotografica con un naraja casi fosforecente, bien encendido, tan encendido que su hoja quedó oxidada por el paso del tiempo. 

Aquella tarde, cuando eramos unas niñas de unos diez u once años de edad, mi prima la de los ojos de gata angora y yo tuvimos como cada tarde después del colegio, que lavar nuestras medias y ponerlas a secar. Como en mi casa viviamos tantas personas el lavadero era grande, con un tanque de agua en la mitad y dos "lavaderos para estregar" a los lados, cada niña en un lavadero con sus medias blancas de colegio sucias y el machete naranjado mirándonos desde un muro. 

Mi prima estaba cansada, aburrida, renegando de la ardua labor que implica para una niña de once años estar lavando medias y no jugando en la calle como cualquier niña de su edad. Mi madre, que desde la cocina escuchaba la conversación se quedó muy sigilosa al lado de la puerta del lavadero sin que nos dieramos cuenta. Mi prima cada vez mas enojada decía que estaba cansada que le daban ganas de tirarse al rio en lugar de estar lavando esas medias. 

Fue en ese momento que lo vimos todo color anaranjado, se nos fue el mundo a las dos, cuando mi madre entró gritando al lavadero y regañado a mi prima con machete en mano como una desquisiada "si querés tirarte al rio, pues tirate" y le dió un planazo con el machete naranjado. Mi prima no paraba de llorar, yo me quedé paralizada como una estatua que no respira al ver esa escena terrorifica de mi madre convertida en una salvaje, castigando a mi prima -que estaba a su cargo hacía varios años- por aquellas afirmaciones infantiles.

No hubo derramamiento de sangre ni marcas en las piernas de mi prima, pero el susto nos marcó y las medias siempre quedaron bien lavaditas.

Esa historia quedó tan marcada en la memoria de cada uno y cada una de las habitantes de mi casa, y hasta hoy cada vez que vemos un machete con cacha naranjada nos da una risa nerviosa producto del trauma que nos produjo aquella escena.

Hay otro dicho famoso que ha trascendido fronteras y que nos ha ayudado a sanar los traumas "el tiempo lo-cura todo", y ahora que somos unas mujeres hechas y derechas o izquierdosas por lo menos desde mi lado del mundo, las dos viviendo fuera de las montañas antioqueñas una en España y la otra en Brasil, con miles de historias para contar, vuelve y aparece un machete con cacha naranjada, pero ya no nos da miedo, no nos amedrenta, ya hubo perdón y recuerdos sin rencor, los traumas se han transformado en escenas de mi madre visitando el otro lado del mundo, lavando las culpas en el mar meditarraneo, liberandose y liberandonos de los traumas familiares, y creando nuevos caminos para nuestro linaje familiar con el coraje y la valentía de una mujer de setenta y ocho años que se atrevió por primera vez en su vida a cruzar el océano en un avión.

Gracias a todas las mujeres valientes de mi familia que machete en mano somos capeces de defender a cualquiera de las nuestras para que no se tire a los rios del sufrimiento, del machismo, del patriarcado, de la vionencia domestica, de la falta de respeto por ella y por cualquiera que se parezca aunque sea de lejos a nosotras.

No traiga machete que aqui le damos!