lunes, 30 de septiembre de 2013

Jueves

El mágico jueves, algo tiene es día, tal vez sea porque se acerca el fin de semana y ya dejó de ser miércoles de ayuno y ceniza, pero algo ha de tener porque siempre me ocurren esas cosas raras.

Un jueves fue el día en que conocí por primera vez el sabor de tus labios, y un jueves los labios de otro conocieron el sabor de los mío, fue un día tan bello, que comencé a olvidarte, se me borró de la mente ese jueves en que me invitaste a un concierto allá en lo alto de la montaña, y que resultó totalmente aburrido, no se si fue porque eras tu la compañía o por esa banda que sabía de todo menos de música.

Ahora recuerdo esos jueves cuando mis ojos se volvieron a abrir justo ahí en la puerta del salón, cuando él se me acercó y por poco me quemo con la aromática que tenía en las manos.

Un jueves decidí irme de la ciudad, todo estaba listo, los tiquetes comprados y no me quise despedir de nadie, tan solo abordé el colectivo con la mochila sobre los hombros lanzándome a conocer nuevos mundos.

Ahora existen entre los dos muchos kilómetros, ya no quiero ir a visitarte, a él lo extraño, tal vez venga a verme en pocos meses, y tu seguirás ahí tan inmobil como siempre, como esa noche, como esa noche en que te dije que no quería volver a verte, quédate allá y no preguntes a nadie por mi porque no voy a estar.

El próximo jueves tengo una invitación, presiento que encontraré a ese amor de primavera que tanto me han prometido, quizá se sorprenda con mi acento tropical o enloquezca con mis rulos tan exóticos en este país, pero si no aparece, seguiré a qui tratando de cambiar el sentido de los días, buscando que los jueves no sean días de amores ni de cambios de rumbo, que simplemente se transformen en un día en que el universo conspire para que los corazones palpiten y les salga del centro una llamarada enorme, como esa que los bomberos intentaron apagar la otra noche del pecho de aquel sujeto que no paraba de mirarme desde el otro lado de la calle y que con  una manilla que algún despistado dejó guardada en una esquina, decidió romper su silencio y decirme todas esas cosas que yo ya había visto salir en forma de fuego de su pecho, lo más extraño de todo es que ese día era un jueves y medio.

martes, 24 de septiembre de 2013

La bomba y el paro

Todo era caos en la ciudad, los vecinos encendían las alarmas de sus casa, se escuchaban fuertes explosiones en la calle, la radio anunciaba que los militares estaban atentando contra los civiles, el gobierno de turno siguió con su ofensiva y militarizó cada esquina de la ciudad, se observaba como los tanques de guerra se posaban en las plazas y le lanzaban chorros de agua a los activistas que protestaban.

Entre tanto él, desde la terraza de su casa observaba lo que ocurría y pensó en idear un método para unirse a la marcha sin tener que salir de casa, pues al pertenecer al movimiento activista campesino su rostro andaba circulando por las calles de la ciudad en enormes vayas y carteles instalados por los servidores del poder militar.

Así fue como tomó algunos frascos y botellas vacíos que tenía guardados en casa y los transformó en bombas molotov  con la ayuda de la gasolina que logró extraer del auto de su padre sin pedir autorización. Lanzó la primara bomba y con ella incendió la parte delantera de uno de los tanques militares, lanzó la segunda bomba y la basura acumulada en la esquina de en frente ardió impidiendo el paso a una cuadrilla de uniformados, cuando se dispuso a lanzar la tercera bomba teniendo la vista fija en los militares, ese tic de bajar el brazo repentinamente hizo que fallara su puntería y que todo el contenido incendiario se volcara ardiendo en llamas sobre sí, quemando gran parte de su rostro y sus brazos.

En medio de la ansiedad y la desesperación por no saber qué hacer, si salir a la calle con su rostro desfigurado rumbo a un hospital donde le pedirían su documento de identificación y se percatarían al ver que el chico de la foto es el que la policía anda buscando para encarcelar, o quedarse con ese nuevo rostro sin darle vuelta a los hechos asumiendo su error y tratando de calmarse el dolor con remedios caseros.

Recordó en ese instante que faltaban sólo tres semanas para su graduación como actor, que en esa obra sería uno de los tres mosqueteros y que con su rostro incinerado no podría desempeñar el papel que por tanto tiempo había preparado; fue así como decidió lanzarse a las calles, corriendo de una esquina a otra ocultándose de los otros como podía. Se encontraba en medio de  una batalla campal y no sabía si unirse a los activistas o pedir auxilio en el hospital militarizado que había a dos calles de su casa.

Finalmente logró ingresar por la puerta de urgencias al hospital donde fue recibido por un par de enfermeras con escudos militares quienes no le pidieron identificación para atenderlo....

Cotinuará...

Tocar

Tocar una trompeta
tocar el sonido que de ella sale
tocar cada movimiento
tocar el amanecer y el crepúsculo
tocarte cuando me toco
tocarme cuando me tocas
tocar lo invisible
tocar los abismos del mundo
tocar una balada triste
tocar una canción tropical
tocar cada centímetro del mundo
tocar con las dos manos las estrellas
tocar, sin pensar, tocar porque sí
tocar y seguir tocando hasta perder las falanges
y si, tocar con lo que queda
tocar con los resquicios, con el alma
tocar con el propio aire
tocar lo que nos toque aquí y ahora
amanecer tocando el piso con las manos
anochecer tocando el cielo con los pies
tocar en un ritmo desafinado
tocar y perdernos entre toque y toque
tocar y descubrir que no queda más que eso
tocar, tocar y seguir tocando
tocar los puentes de la imaginación
tocar el día que decidiste buscarme
tocar la noche en que decidí esconderme
tocar esto y aquello, con las manos, los ojos y la nariz.

lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Qué ignoro?

"Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa"
Las líneas de la mano - Julio Cortázar


Y me preguntas ahora eso, no ves acaso que esa pregunta es complicada de responder. Si miras esa línea que se extiende allá, mírala, está en frente tuyo, si buscas su secuencia no vas a poder encontrar su principio, ni su final; yo veo que viene de alguna parte, se observa que va bajando lentamente, es casi imperceptible su movimiento, pero cuando una de esas hojas que se caen de los árboles en este curioso otoño se posa sobre la línea, me doy cuanta que adquiere movimiento y eso me pone a pensar si será que cada vez  que miro a la línea realmente no la estoy mirando sinoq ue se está renovando momento a momento.

Una tarde me detuve a observarla, estaba ahí, parecía tan tranquila, se sentía como respiraba, sentía que ella y yo teníamos tantas cosas en común, como si hubiésemos tenido un mismo origen, como si el día en que ambas nacimos hubiese sido el mismo.

Hoy estamos otra vez frente a frente ella y yo, y tu vienes y me preguntas qué ignoro, no se que pude motivarte a plantear ese tipo de interrogantes, pero ahora te puedo decir que ignoro eso que va a pasar de ahora en adelante mientras la línea continúa, y sabes, eso me gusta y hasta lo disfruto, no hay nada más mágico que encontrarte por ahí con cosas desconocidas y dejarte sorprender por cada cosa nueva que vez por ahí.       

Un dedo que señala

Pude haber hecho uso de un lenguaje un poco menos dañoso, haber buscado que mis palabras no fueran flechas y que mi contendiente no hubiese usado en contra toda esa represión contra mí a través de la fuerza  física.

El ser humano se distingue del resto de la naturaleza según dicen esos señores que se hacen llamar científicos, por el uso de la razón antes que el instinto; no se si yo misma me lo busqué o si este tipo de cosas se dan así sin que nadie se las busque, sentir que tu brazo es detenido por una mano que no es tuya, que otra te señala, que una voz te grita y un par de ojos e abran con ganas de seguirte golpeando.

Nos hemos convertido en seres irracionales que para solucionar su problemas, prefieran tomar ala otro por la fuerza antes que consultarle el motivo de su actuar, individuos que dan órdenes al otro sin saber qué motivó a ese otro ser a actuar de determinada forma.

Ahora la herramienta elegida es un dedo incriminador del otro, un dedo que te señala, te dice "tu", te responsabiliza sin un juicio, te maltrata físicamente y te culpa de ello, y luego, cuando su pupila se encuentra un poco menos dilatada, opta por "disculparse" echándote la culpa de su actuación.

Frenemos este cochino mundo de falta de razón, respetemos al otro, no es necesario el maltrato físico para que las ideas puedan convivir en un mismo mundo, un mundo que fue construido no sólo para los seres humanos, que por cierto nos creemos los dueños y estamos acabando con él.        

viernes, 13 de septiembre de 2013

La espera en el ventanal

Cada noche abro una ventana, permanece abierta hasta que me vence el sueño, en ocasiones quiero que alguien se asome y me salude, en otras, prefiero cerrarla antes de que a alguien mas loco que yo le de por asomar sus narices.

La otra noche se abrió sola, fue tan extraño ver como se expandía la luz que salía de ella por una de las paredes de mi habitación que hasta tuve miedo de moverme de mi sitio, cuando decidí asomarme, ahí estabas, con esa enorme sonrisa queriendo saludarme, reaccioné quedándome medio inmobil.

El viento soplaba fuerte y la luna cada vez tenía más luz, me llamaste por mi nombre, y como yo no sabía cuál era el tuyo, preferí callar y saludarte con una sonrisa, esa noche me dijiste tantas cosas pegadito al borde de la ventana, que de no ser por ese viento inclemente que la cerró tendría memoria para relatar.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Menos claro no podía estar

Era  una noche tan oscura, más oscura que los ojos mismos de aquel sujeto que me miró desde su celda, en sus ojos a través de la oscuridad, logré descubrir el motivo de su encierro, de eso que lo tenía oculto de la luz aun cuando el sol se pudiera ver en el oriente cada mañana por tantos ojos, para él, todas las horas de la vida transcurrían en la noche.

Intenté hablarle, encontrar en su palabras alguna respuesta a eso que me mostraban sus ojos, pero su voz cada vez escondía más de lo que yo trataba de hurgar, pudo haber sido que el no confió en mi o que yo no supe discernir lo que se escondía en la oscuridad de su mirada, cuando de repente, escuché un rechinar de dientes, típico de los roedores que salen en medio de la noche  en búsqueda de algo para saciar sus estómagos repletos de aire, algo para olvidar los padeceres de su día a día, algo que les recuerde que no son eso que tantos seres humanos desprecian poniendo trampas en sus hogares para extinguirlos, manjares llenos de veneno para intoxicar sus estómagos; salen en la noche para que nadie los observe con repulsión, para sentir que vale la pena limpiar el sucio mundo de toda esa basura que cae de las mesas, que se va directo a una caja oscura y que si se fuera consciente, podría llegar a producir algún provecho para el planeta.

Resulta que este roedor pensante, en aquella noche donde la luna se negó a salir, dejarse iluminar por el lejano astro que brilla entre las montañas cada mañana, se contagió de un espíritu ya no tanto buscador de alimento en términos de queso y sobras de las mesas, sino uno revelador de verdades, verdades que se esconden bajo el manto de las nubes negras de noches sin luna.

Y si, el roedor rechinaba sus dientes y los hacía rechinara cada vez más fuerte contra los barrotes de la celda que tenía preso al sujeto de los ojos oscuros, yo pensaba, cómo podrían ocurrir estas cosas tan extrañas, cómo un ser tan repugnante podía estar buscando la salida a la luz de un sujeto extraño que escondía un sin fin de misterios en su mirada.

La celda se abrió, el roedor echó a correr entre los caños de la prisión, yo estaba tan estupefacta que ni pude alcanzarlo con la mirada, solo me quedé allí como una estatua, totalmente inmobil ante la escena de aquel sujeto sentado en un rincón de la celda, con su rostro apretado entre las rodillas, me pareció escuchar que susurraba una oración, un soneto falto de estética, su voz sonaba tan extraña a mis oídos que ni con el uso de la imaginación podía comprender lo que decía, fue entonces cuando sentí un silencio tan abrumador que me hizo comprender el misterio que se escondía en la mirada y los susurros de este hombre, pero ahora no se...tengo tanto miedo de revelarlo, siento que si lo hago, estaré violentando la misma esencia y el sentido de lo que el me quería mostrar y que no me quería dar a entender al mismo tiempo, pero que al final terminé comprendiendo en medio de esa noche tan oscura.          

martes, 10 de septiembre de 2013

Con la muerte no se juega

1

Martín encuentra una vieja pistola de su padre.
Invita a sus amigos a jugar ruleta rusa y enseña a ellos su descubrimiento.
Todos terminan muertos en el juego.


2

Un ilusionista realiza un número en el que su corazón se detiene.
Inicia su show sin contar con ayuda médica.
Se para su corazón y sufre un infarto.


3

Un hombre acostumbra a disparar sin municiones.
Toma su pistola,nos e percata que está cargada y dispara tres tiros.
Sus pequeños hijos están muertos en el patio.





El señor dela totuma

Y volvimos a encontrarnos, hacía tanto tiempo que no nos topábamos por ahí que ya estaba olvidando la forma que tenías tan única de acercarte a mi y sorprenderme con pequeños detalles.

El hecho de reencontrarnos me trajo a al mente todos esos recuerdos que vivieron escondidos en mi mente mientras tu te metías en el baúl de la abuela ocultándote de la vista de todos, empezando por la mía.

Volvimos a vernos y ahí estabas, inmobil, tan estupefacto, que temí romper ese silencio tuyo, no se si realmente estuvieras mirando hacia algún lugar en concreto o si simplemente hubieras tenido los ojos abiertos pero cerrados como en aquellas tardes en que nos recostábamos sobre el prado bajo la sombra de un guayacán amarillo que dejando caer sus flores nos hipnotizaba, a tal punto, que nos quedábamos mirando a todo y a ninguna parte, era como si nos transportáramos a una dimensión desconocida.

Seguiste con esa mirada perdida que me intranquilizaba, incluso llegué a pensar que te habías convertido en una estatua, en una de esas imagencitas que nuestra madre posaba sobre su repisa o colgaba de un clavo en su pared, recuerdo que su cuarto se parecía mucho a  una de esas tiendas donde venden artículos religiosos, con la diferencia que en dichos lugares no podías encontrar a "un señor dela totuma" como muy particularmente ella decidió bautizar a un crucifijo que ya no lo era y que había encontrado en una de sus caminatas por las veredas de nuestro pueblo en medio de una polvorienta carretera destapada.

  Te acuerdas cuando ella nos hizo arrodillar durante un largo rato frente al señor de la totuma, por habernos puesto a hacer pilatunas con esa prima pestañona que vivía en casa y que por poco se tira al río en una de esas furias que le daban cuando no quería hacer lo que se le encomendaba. Aun me parece mentira que ella y yo habiendo nacido con un día de diferencia, y siendo criadas en un mismo hogar y en una misma escuela  fuéramos tan distintas; ella siempre con ese gusto por salir a correr por las calles y besar chicos a escondidas, mientras yo me quedaba en casa menospreciando sus invitaciones porque un libro me esperaba en uno de los estantes de mis hermanas mayores.

Así transcurrió nuestra infancia, entre juegos, castigos sobre las rodillas y libros que querían ser leídos, de la casa en que vivíamos solo quedan un par de paredes y el señor de la totuma que no se pudo ir ya que no tenía pies con qué caminar.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Para Laurita

"Quiero usar la palabra tertulia"
Clarise Linspector (Los restos del carnaval)

Tertulia, eso era lo que acostumbraba a hacer cuando me reunía con ella, el motivo de nuestros encuentros siempre giraba en torno a una tertulia pendiente, algo que faltaba por conversar o tal vez a la vana costumbre de reunirnos para estar allí.

Ella, aquella tarde decidió salir de casa con un par de zapatos rojos y unas medias tipo can-can, cuando la vimos, todos quedamos atónitos, lucía realmente guapa con ese atuendo de rodillas para abajo, pues de rodillas para arriba, seguía siendo esa chica loca que nos hacía reír con los comentarios sobre la vida de algún familiar suyo, con el invento del atotoi, que según cuenta, se trata de una suerte discusión visantina en tiempos modernos, una discusión sin sentido alguno, que termina por hacerle perder tiempo a todo el mundo. Cada rato me decía que dejara de ser atotoicera, al principio me causaba mucha risa escucharla decir esa palabra, luego, fui comprendiendo su significado, hasta que terminé por incorporarla en mi vocabulario habitual de tertulia.

Aquella chica con medias de cancan, después de haber protagonizado el atotoi más grande de la historia, porque había olvidado hacia que lado de la calle carabobo quedaba el "salón málaga", llegó al lugar, donde el resto de sus amigos la esperábamos para compartir una tarde de tertulias acompañados con musicas del sur con sabor a bandoneón y una ronda de café cultivado en las montañas de nuestra tierra. En ese bar que tenía un olor entre abuelo que cuenta historias posandote en sus rodillas y recuerdos de una ciudad sobre la que nunca caminaste, pero que la fotografías de la pared del fondo te hacen caer en la cuenta que se trata de la ciudad en la que viviste tus años locos de juventud, esta vez con cara de pueblo hace más de 100 años.

La tertulia que tuvimos aquella tarde hablaba de viajes, tesis de grado y hasta de una exposición de arte contemporáneo próxima a estrenarse. Al salir del lugar, uno de sus habituales visitantes se despidió de mi querida amiga gritándole "adiós pequeño pony" todos reimos mucho, y gracias a eso laurita siguió siendo nuestra mascota oficial : el pequeño pony.