jueves, 12 de septiembre de 2013

Menos claro no podía estar

Era  una noche tan oscura, más oscura que los ojos mismos de aquel sujeto que me miró desde su celda, en sus ojos a través de la oscuridad, logré descubrir el motivo de su encierro, de eso que lo tenía oculto de la luz aun cuando el sol se pudiera ver en el oriente cada mañana por tantos ojos, para él, todas las horas de la vida transcurrían en la noche.

Intenté hablarle, encontrar en su palabras alguna respuesta a eso que me mostraban sus ojos, pero su voz cada vez escondía más de lo que yo trataba de hurgar, pudo haber sido que el no confió en mi o que yo no supe discernir lo que se escondía en la oscuridad de su mirada, cuando de repente, escuché un rechinar de dientes, típico de los roedores que salen en medio de la noche  en búsqueda de algo para saciar sus estómagos repletos de aire, algo para olvidar los padeceres de su día a día, algo que les recuerde que no son eso que tantos seres humanos desprecian poniendo trampas en sus hogares para extinguirlos, manjares llenos de veneno para intoxicar sus estómagos; salen en la noche para que nadie los observe con repulsión, para sentir que vale la pena limpiar el sucio mundo de toda esa basura que cae de las mesas, que se va directo a una caja oscura y que si se fuera consciente, podría llegar a producir algún provecho para el planeta.

Resulta que este roedor pensante, en aquella noche donde la luna se negó a salir, dejarse iluminar por el lejano astro que brilla entre las montañas cada mañana, se contagió de un espíritu ya no tanto buscador de alimento en términos de queso y sobras de las mesas, sino uno revelador de verdades, verdades que se esconden bajo el manto de las nubes negras de noches sin luna.

Y si, el roedor rechinaba sus dientes y los hacía rechinara cada vez más fuerte contra los barrotes de la celda que tenía preso al sujeto de los ojos oscuros, yo pensaba, cómo podrían ocurrir estas cosas tan extrañas, cómo un ser tan repugnante podía estar buscando la salida a la luz de un sujeto extraño que escondía un sin fin de misterios en su mirada.

La celda se abrió, el roedor echó a correr entre los caños de la prisión, yo estaba tan estupefacta que ni pude alcanzarlo con la mirada, solo me quedé allí como una estatua, totalmente inmobil ante la escena de aquel sujeto sentado en un rincón de la celda, con su rostro apretado entre las rodillas, me pareció escuchar que susurraba una oración, un soneto falto de estética, su voz sonaba tan extraña a mis oídos que ni con el uso de la imaginación podía comprender lo que decía, fue entonces cuando sentí un silencio tan abrumador que me hizo comprender el misterio que se escondía en la mirada y los susurros de este hombre, pero ahora no se...tengo tanto miedo de revelarlo, siento que si lo hago, estaré violentando la misma esencia y el sentido de lo que el me quería mostrar y que no me quería dar a entender al mismo tiempo, pero que al final terminé comprendiendo en medio de esa noche tan oscura.          

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