domingo, 21 de octubre de 2012

Escribiendo sobre techos remojados

La lluvia sobre los techos de esta ciudad tan remojada me enloquece, hace que escriba sin parar , que piense en lo que no fue, en lo que pudo ser, en lo maravilloso de los días soleados y en lo fugaces que son las citas en un día lluvioso con planes truncados por el amigo destino.

Llueve cada vez mas fuerte, parece que el cielo se estuviera desplomando lentamente, los amantes salen a las calles para dejarse acariciar por las enormes  gotas de lluvia y uno que otro dardo de granizo.

Los insurgentes, aprovechan el día nublado, para esconderse tras la niebla de los ojos de un estado que ve en la protesta un acto bandálico, más es inacapáz de ver la ausencia de equidad social y de sentido común que exigen los que pueden ver con claridad, aquellos que se ilustran en las aulas, pero que al salir de ellas, se transforman en pequeños brazos de ese gran engranaje llamado capitalismo.

Todos van por el mundo, buscando repuestas a sus interrogantes, preguntándose qué es la guerra, para qué es, quién se la inventó. Sin detenerse a responderlos, a crear una nueva concepción de las cosas, el mundo se ha transformado en un ser incapaz de convertir respuestas en realidades...nadie sabe contestar a las preguntas de un pequeño de tres años de edad.

La indignación recorre mis venas, ya fui invadida una vez y no quiero volver a serlo, no quiero volver a vivir ni a padecer los mismos pesares de mis antepasados, quiero ser rescatada de esta irrealidad tan absurda.

Anhelo encontrar la respuesta a mis preguntas escrita en las paredes de alguna ciudad sin nombre, ir balanceándome de una calle a otra y luego, detenerme en ese puente a esperarte y ver como se dilata tu pupila y tu voz comienza a tartamudear al sentirme cerca, mientras yo, entorpezco y me vuelvo una tonta que no puede hacer otra cosa que mirarte.

sábado, 20 de octubre de 2012

Días de playa sin sol

Atardeceres de una ciudad caribeña impregnados de aire acondicionado, el mar y la brisa llamando desde afuera, el vaho de las calle derritiendo mis zapatos y agobiando mi respiración.

Quisiera salir a caminar, encontrarme con una estrella de mar que ilumine las calles de la ciudad, que logre apagar los faroles de las casas antiguas, que enceguezca a los transeúntes gracias a su alto nivel de luminosidad.

Sería bueno sacar de paseo a mis rizos mientras algunos hombres hablan de providencias judiciales, pruebas y demandas.

Quiero que esa linda chica no se duerma escuchando un discurso aburrido, que no tenga que pedir "piqueticos" sino besos en su rostro de parte de su amado,  ese que la espera para caminar juntos por las calles de esta calurosa ciudad, con una mirada llena de cariño, tomándola de la mano, regalándole la luna quizás, o tal vez una estrella fugaz.

martes, 16 de octubre de 2012

Jero-glifico

Ocurre, cuando alguien a un par de metros hace mucho ruido para que lo veas, te busca con su mirada, grita con todas las fuerzas de sus pulmones, al final, tu lo observas, te detienes, te acercas y lo tomas entre tus brazos. Es entonces, cuando te sonríe, salta de la emoción, le brillan los ojos y no quiere separarse de ti.

Con una sola mirada, te dice todo lo que siente, te muestra su interior, con una sonrisa te agradece la compañía, y si te alejas...te busca desesperadamente hasta que al fin te encuentra para volver a sonreír. 

Se gana el corazón de tus amigos, incluso, el de los mas crueles, y tus amigas, quieren morderlo de la emoción, todos sonríen y disfrutan el momento, el enamoramiento en su máxima expresión, libre y puro.

Quién diría que ese pequeño buscaría los brazos de una desconocida en medio de los pasillos de un hospital, donde por cosas del destino, se encuentra recluido con agujas en medio de su carne y su piel, pero con una enorme sonrisa que hace caer a sus pies al mas duro de los seres humanos.

Cuenta su Nana, que al pequeño no le gusta que gente desconocida se le acerque, pero aquella tarde de hospital, llamó la atención por todos los medios a su alcance para que aquella chica de lentes lo tuviera por largo rato saltando entre sus brazos.

lunes, 8 de octubre de 2012

Entre pájaros, arboles y mangos

Íbamos caminado en medio de los arboles que alberga la ciudad, en ese lugar llamado a ser un pequeño pulmón en medio de tanto gas carbónico, intentábamos encontrar un lugar donde adquirir un plato salteado de verduras y de finas hierbas. Cuando escuchamos un ruido entre las hojas de los arboles, si, era un mango que nos caía del cielo, yo exclamé, - el árbol nos regaló un mango, y me dispuse a recogerlo con gran emoción, y vaya sorpresa cuando a los tres pasos cae un segundo mango del cielo; era un mensaje: uno para cada una, el de ella, estaba un poco verde, conservaba aun la dureza y acidez que caracteriza los frutos de esta especie a esa edad, entre tanto, el mio, estaba un poco mas maduro e incluso contaba con un alto control de calidad realizado por un ave catadora de frutos.

Acto seguido, agradecimos a viva voz y con una enorme sonrisa a nuestro amigo árbol por aquel hermoso regalo que remembraba uno de los sueños mas locos que he tenido: una lluvia de mangos biches sobre un prado.

En definitiva, los sueños hermosos también pueden ocurrir cuando estamos despiertos, e incluso se pueden compartir con las personas que llevamos en el corazón. De aquella tarde quedan en la mente bellos recuerdos, la grata dicha de haber recibido un regalo de la naturaleza y un dulce sabor mezclado con hilos de mango entre los dientes.

jueves, 4 de octubre de 2012

Un mar-eo nocturno

Cuando se va de viaje a un lugar de la geografía nacional famoso por sus playas se espera al menos, en medio de la noche, después de haber deambulado por la ciudad, saboreado nuevos manjares  y corrido tras el rastro del viento; divisar el ese lago gigante que toca el cielo con su inmensidad, ver en el el reflejo de la luna y las estrellas y si se cuenta con suerte, atrapar una estrella fugaz antes de que se apague al llegar a las aguas mas profundas, mas allá de lo que unos ojos fotosensibles pueden observar.

Ese día, los sueños no se hicieron realidad, todo transcurría cual lo soñado -en una pesadilla-, las personas estaban enceguecidas por las luces de las calles que incitaban al baile desenfrenado, la codicia por adquirir los artículos de moda y por saborear los platos mas caros del menú.

Camino a la gran pared, se vía gente embriagada por el alcohol con la razón totalmente arrebatada, grupos de personas transitando en vehículos tradicionales en medio del bullicio, sumidos totalmente en lo banal de un mundo fabricado para el consumo de necesidades creadas por el capitalismo, a lo lejos, se observaba como transitaba un auto tras otro en las mismas circunstancias.

Alguien se quedó quieto, trató de detenerse para mirar hacia el infinito, pero lo unico que logró fue que sus ojos se llenaran de lagrimas, de esas que corren velozmente por las mejillas antes de que te percates de su existencia, el motivo del llanto, pudo haber sido caprichoso para algunos, pero para ese alguien, era la explicación a la falta de sentido natural de los constructores de autopista al atreverse a llenar de luces artificiales el camino e impedir la vista del océano.

Aquella noche estuvo oscurecida por las luces de la ciudad, más al día siguiente, el universo ofreció una disculpa que más parecía un regalo: el atardecer más hermoso que cualquiera hubiera imaginado, justo a la medida del mejor cazador de crepúsculos conocido en la historia.