lunes, 6 de agosto de 2012

Enreda-da en una rasta

Busco identidad en la naturaleza, en lo vivo, en lo que camina, nada, corre o vuela, mas no la encuentro, me he convertido en un ente que no se ve reflejado en el otro, no siente emociones ni alegría, solo dolores y tristezas , soy la voz que se queja en las calles, esa voz que se enmudece para escribir en los muros de la ciudad, la que reprocha al ver la injusticia de lo "justo", soy un desvarío de un loco que caminaba por el barrio mas perdido de la ciudad, voy colgada de uno de sus cabellos enredados mas que las rastas del jamaiquino más tradicional, me aferro fuerte en medio de los aguaceros nocturnos cuando el cartón que nos sirve de colchón se remoja y los arboles, no soporta más el peso de las gotas de lluvia que se derraman desde la nubes para alimentar a los seres vivos, que se esconden de ellas bajo finos techos procesados industrialmente, sin arte ni tragaluces, solo una plancha de cemento y un par de ladrillos, o si se intenta ser mas ostentoso, un techo tipo cabaña o estilo antiguo con mucha altura para sentirse como en la casa de Gulliver o del gigante dueño de la gallina de los huevos de oro.

He olvidado que se puede caminar descalzo por el prado, ya no se que sentido tiene seguir por el mundo sin rumbo alguno, ya no se que es dejar que el viento enrede mis rizos, que mi blusa se empape en medio de un aguacero, he olvidado por completo lo que es sentir el sol sobre mi cuerpo y el canto de las aves en mis oidos, ya no siento los olores de los árboles y las flores, me he vuelto una criatura citadina e indolente.

Por más que me aferro al mechón de cabello de ese hombre de la calle, no alcanzo a descifrar la magnitud de su estado y en él del mio, no logro llegar al final de la carretera y soprenderme volando cual mariposa recién salida de la crisálida, tengo temor de llegar a ser atrapada por las redes de un cazador de mariposas que me aprisione en un mariposario y haga de mi una mariposa sin alas; y para qué alas, si no se puede volar hacia el sol.

Quiero ser rescatada por algún ciego, alguien incapaz de ver los absurdos y los sinsentidos que ocurren en esta realidad inusual, volver a la vida y andar descalza por el prado sin tener que dar razones de ello a nadie, simplemente vivir, sentir, disfrutar, pero sobretodo, compartir ese toque de maravilla con quienes estén allí desde la tierra fértil hasta el ágil viento y el radiante sol.