domingo, 20 de abril de 2014

No a los chupasangre!

Me dicen que pare, que no camine más, que deje que las cosas pasen sin que tenga que buscarlas, que me olvide del hombre de al lado que llora, que no me siente a su lado a acompañarlo; me piden que cambie ese menú con que me alimento día a día que le mata un poco más de muerte al plato, que no me puedo alcanzara a imaginar lo rico y jugoso que es sentirlo en la boca y luego en el estómago, que la pupila se te dilata, que luego puedas hasta tener más pesadillas de las que a un ser humano normal le pueden ocurrir en sus sueños.

Me piden que ejerza la profesión de los sujetos que habitan las cavernas de Transilvania, que visite una a una de sus cuevas pidiéndoles un bocadito de la sangre que le succionan a la gente día a día, noche a noche, que toque a la puerta de esos hombres que se interesan mas en su bienestar que en el del otro cuando ese otro es quién les proporciona el pan que se llevan a la boca cada mañana.

Se escuchan gritos en las calles, dicen que están protestando, los escucho, pero no entiendo bien lo que reclaman porque me han puesto un par de tapones en los oídos, me han atado de pies y manos para que no salga a unirme a la protesta, me quieren obligar a que no pinte los muros de la casa donde cada dos semanas se rinde culto a la inquisición; lo que ellos no saben es que estoy usando un par de trucos que me enseñó un viejo amigo para desatarme, y pronto verán lo que va a ocurrir en sus blanqueadas paredes.

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