martes, 22 de abril de 2014

De vidrio e historia

Entre las dos siempre hubo cierta magia, pero como todo en el mundo es susceptible de romperse, la bola de cristal cayó lentamente al piso fragmentándose en miles de partes cual big bang, una de ellas levantó un pedazo grande que cayo justo en el centro, pero al sostenerlo entre sus dedos pudo observar como cambiaba de color a un rojo turquesa, muy parecido al  del color que tomó ese tubo en el que guardaron un poco de su sangre para un par de análisis ayer a la mañana, eso ocurrió porque salió lastimada, las heridas aún las tiene casi a carne viva, dice que le duele cada letra que intenta escribir, que le duele respirar y hasta le cuesta caminar tranquila.

Para la otra, el espejo no es el mejor amigo en este momento, pues le muestra un par de ojos enrojecidos que se achican cada vez mas, unos labios que tiemblan y un rostro que comienza a humedecerse no precisamente por efecto del agua o del sudor.

No hubo forma de reconstruir el cristal de la pitonisa, ya no hubo forma de seguir adivinando lo que pasaba a través del vidrio, se acabó la historia, tal como en el griego en que estas dos palabras significaban lo mismo.

Recuerdo que la última vez que vi a este par de féminas, venían muy campantes caminando por la avenida sin saber que a la vuelta de la esquina se iba a a desmoronar la causa que las ponía a caminar en rectilínea una a la lado de la otra.  



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