Por estas horas, la ciudad se va llenando de una bruma bastante densa, tanto, que al asomarse por el ventanal no puedes alcanzar a ver si aun es de noche o si el sol está a punto de salir, parece que a los autos se los ha raptado una aplanadora, los semáforos, titilan sin parar de un color que no es rojo ni verde, de vez en cuando se escucha el susurro del viento y la caída de un par de gotas de lluvia.
De repente, se siente como un multitud de animales va brotando de las aguas del río y tomando lentamente vida propia, parece que paso a paso se hacen más y mas gigantes, se manifiestan con unos ruidos bastante exóticos para los oídos citadinos.
Vuelvo a asomarme a la ventana y veo que han desaparecido las criaturas, de nuevo las calles están desiertas, la niebla sigue constante, pero observo algo nuevo, algo que no había visto las veces anteriores, me tardo un poco en identificarlo, en encontrarle algún sentido, más ahí está tanto o más inmobil que yo, y como no estarlo si se trata de esa cara que le muestro al mundo ciego de afuera, de hoteles vacíos y horas que no andan, pues hasta los relojes se han quedado sin segunderos.
A lo lejos se escucha un nuevo sonido, que de hecho no es tan nuevo, es el más antiguo de todos en la ciudad, es el primero que llegó a traerlo todo con su chachalateo imparable, se siente que viene llegando cargado con los anhelos de ese futuro soñado que nunca fue, que se deterioró tanto como los vagones cargadores de trigo que fueron sustituidos sin ninguna explicación por camiones de propulsión a base de nafta.
Un olor va penetrando cada rincón del ambiente, no es gas carbónico ni se le parece, más bien se trata de algo relacionado con los anaqueles del abuelo, con su ropa, con las sábanas que lucían las camas de las tías, es un olor a antiguo que no puedo soportar, me hace sentir que estoy viajando en el tiempo, que el tren ha regresado, que el abuelo aun vive, que no han llegado lo autos a la ciudad, que a lo sumo habrá uno que otro carruaje adaptado para transportar a los mas burgueses de uno a otro lado de la ciudad.
El ambiente es totalmente extraño, tanto, que la luna se negó a salir y yo me negué a irme a la cama, me quedé aquí sentada viendo como pasaban todas estas cosas extrañas acompañada de un té y de uno de esos animales que salieron de rio y que trepó hasta mi balcón para acompañarme a contemplar estos extraños sucesos.
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