La lluvia sobre los techos de esta ciudad tan remojada me enloquece, hace que escriba sin parar , que piense en lo que no fue, en lo que pudo ser, en lo maravilloso de los días soleados y en lo fugaces que son las citas en un día lluvioso con planes truncados por el amigo destino.
Llueve cada vez mas fuerte, parece que el cielo se estuviera desplomando lentamente, los amantes salen a las calles para dejarse acariciar por las enormes gotas de lluvia y uno que otro dardo de granizo.
Los insurgentes, aprovechan el día nublado, para esconderse tras la niebla de los ojos de un estado que ve en la protesta un acto bandálico, más es inacapáz de ver la ausencia de equidad social y de sentido común que exigen los que pueden ver con claridad, aquellos que se ilustran en las aulas, pero que al salir de ellas, se transforman en pequeños brazos de ese gran engranaje llamado capitalismo.
Todos van por el mundo, buscando repuestas a sus interrogantes, preguntándose qué es la guerra, para qué es, quién se la inventó. Sin detenerse a responderlos, a crear una nueva concepción de las cosas, el mundo se ha transformado en un ser incapaz de convertir respuestas en realidades...nadie sabe contestar a las preguntas de un pequeño de tres años de edad.
La indignación recorre mis venas, ya fui invadida una vez y no quiero volver a serlo, no quiero volver a vivir ni a padecer los mismos pesares de mis antepasados, quiero ser rescatada de esta irrealidad tan absurda.
Anhelo encontrar la respuesta a mis preguntas escrita en las paredes de alguna ciudad sin nombre, ir balanceándome de una calle a otra y luego, detenerme en ese puente a esperarte y ver como se dilata tu pupila y tu voz comienza a tartamudear al sentirme cerca, mientras yo, entorpezco y me vuelvo una tonta que no puede hacer otra cosa que mirarte.
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