Íbamos caminado en medio de los arboles que alberga la ciudad, en ese lugar llamado a ser un pequeño pulmón en medio de tanto gas carbónico, intentábamos encontrar un lugar donde adquirir un plato salteado de verduras y de finas hierbas. Cuando escuchamos un ruido entre las hojas de los arboles, si, era un mango que nos caía del cielo, yo exclamé, - el árbol nos regaló un mango, y me dispuse a recogerlo con gran emoción, y vaya sorpresa cuando a los tres pasos cae un segundo mango del cielo; era un mensaje: uno para cada una, el de ella, estaba un poco verde, conservaba aun la dureza y acidez que caracteriza los frutos de esta especie a esa edad, entre tanto, el mio, estaba un poco mas maduro e incluso contaba con un alto control de calidad realizado por un ave catadora de frutos.
Acto seguido, agradecimos a viva voz y con una enorme sonrisa a nuestro amigo árbol por aquel hermoso regalo que remembraba uno de los sueños mas locos que he tenido: una lluvia de mangos biches sobre un prado.
En definitiva, los sueños hermosos también pueden ocurrir cuando estamos despiertos, e incluso se pueden compartir con las personas que llevamos en el corazón. De aquella tarde quedan en la mente bellos recuerdos, la grata dicha de haber recibido un regalo de la naturaleza y un dulce sabor mezclado con hilos de mango entre los dientes.
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