lunes, 3 de marzo de 2014

Viaje sin cámara: La ida

Hace un par de meses, me debatía entre ir a surcar la montaña y ver el mar de Chile cantando con entonado acento "Cuando pa' Chile me voy, cruzando la cordillera, late el corazón contento, una chilena me espera", pero del otro lado pensaba en arrancar camino arriba para abrazar a mis extrañadas amigas y de paso aprovechar para surcar los andes.


ARGENTINA


I. Viaje a dedo

Era jueves como en el viaje pasado, y yo ahí estaba con mochila al hombro emocionada con la idea de regresar a recorrer esos paisajes que la vez pasada me dejaron palpitando más fuerte el corazón, se bien que pude haber quedado con apunamiento o soroche crónico, pero se parece tanto al amor por la montaña que no se convirtió en obstáculo.

Y arrancamos!, iba con mi compañero de aventuras por Rosario, ese amigo que es como un hermano en este lugar donde para escuchar un acento colombiano basta con ir a visitar su casa y cocinar porotos de esos que aquí quedan duros como piedras sin importar si fueron remojados con  tres días de anticipación o si fueron tirados a la olla así no más. Pues tomamos el colectivo hasta la "ruta 9" y allí nos dispusimos a echar dedo literalmente, nos aventaron cerca de siete autos, se contaron entre ellos colectivos, camiones, destartalados, ultimo modelo y hasta un cargador de soja, del que tengo memoria como si ayer mismo hubiésemos pasado la noche en su volquete con residuos del alimento transgénico incluidos (que olor a agro tóxico!) y acompañados por las almas del cementerio que se encontraba a tan sólo un muro de distancia.  


II. Córdoba

El viaje continuó sin sustos ni fantasmas perseguidores, llegamos a dedo en medio del sol inclemente sólo hasta la ciudad de Bell Ville, en la provincia  de Córdoba, luego, colectivo hasta Córdoba capital, donde nos esperaba otra compatriota colombiana, la bella y loca Diana con su gato Leo y su amiga Frida, la gata invitada para las vacaciones, en esa ciudad recorrimos plazas y parques escuchamos el acento cOoordobé y hasta nos embriagamos durante un par de noches. Mi amigo se siguió hacia Chile, no se si lo esperaba una chilena, pero nuestros senderos se bifurcaron, ya se imaginarán ustedes a mí quienes me esperaban.

Las historias ocurridas en esta provincia no terminan aquí, pues aún no me había visto con Florencia, una cordobesa a quién conocí en Bolivia durante el viaje anterior y que no podía perder la oportunidad de estar en su tierra para saludarla, tampoco me podía quedar sin saludar a Esteban, otro cordobés amigo que conocí en Rosario, de enorme sonrisa y calidez total con guitarra incluida, con el pasamos una noche entre cantos desafinados y desentonados, chamuyo cordobés aportado por su amigo Daniel y risas infaltables.

Con Florencia nos fuimos de acampada cerca de Carlos Paz, mas exactamente en cuesta blanca, caminando un poco mas hasta llegar a la famosa playa de los hippies, un lugar absolutamente hermoso, incrustado en la montaña, con un rio cristalino y arena mágica que brilla más que la del mar con los rayos del sol, allí conocimos a Diego que viene a ser el romeo de Flor y a Martín un chico de Quilmes -es un pueblo no una cerveza para este caso- muy amable que nos ayudó a cargar la mochila en un tramo de la caminata. 

De allí a correr porque se acababa el viaje por Córdoba y me esperaba Hugo quién más adelante me llevaría en su vehículo de encomiendas hasta mi siguiente parada, ello gracias a Daniel el amigo chamuyero que conocimos en la casa de Esteban.


III. Jujuy

Ahi estaba yo, muy bien sentada en el asiento de copiloto de un auto que llevaba encomiendas de Córdoba capital a Tucumán, Salta y Jujuy, todo durante la noche y la madrugada, fue una locura total, tanto que en un momento me sentí en una película de terror, tal vez fue el segundo capítulo de la amanecida al lado del cementerio, pues íbamos por una carretera en línea recta, casi desolada, yo del aburrimiento ya me estaba quedando dormida, cuando de repente abrí los ojos y justo ahí, adelante de nosotros iba un camión gigante con el logo de una empresa dedicada a la fabricación de ataúdes, si señores, de cajas de muerto, a plenas tres de la mañana, en una carretera desolada, un terror total. Al final llegamos a San Salvador de Jujuy  sin cajas de muerto ni cadáveres empaquetados, o al menos eso no me dio a entender Hugo.

Seguí mi rumbo sin hacer paradas en capital, mas bien camino a la montaña, pensada mas en grande justo ahí en el cerro de los siete colores de Purmamarca, debo confesar que me esperaba siete colores de vegetación y no de tierra, pero fue muy hermoso estar allí, sentir como los andes empezaban a estar mas cerca de mi, ver la montaña, apreciar las noches estrelladas bastante lejos del nivel del mar,tanto así que dos de ellas se pusieron a jugar en el cielo mientras yo asomaba mis ojos por fuera de la carpa en ese camping a donde me mandó Patagua, el hombre de los charangos en el centro del pueblo.

Luego de esa noche, el viaje por el norte argentino siguió rumbo a Tilcara, donde me encontré con un viejo mago conocido, con quién compartí un par de días alucinantes en un lugar donde el hecho de tener montañas de tierra te hace sentir en otro planeta. Con él visitamos el taller de Haro Galli, un artista que definitivamente vale la pena conocer y publicitar, por esa particular forma de representar a nuestros campesinos andinos y sus tradiciones, también fuimos a un recital donde una amiga suya: La Lule quién presentaba su primer trabajo discográfico con su voz hermosa.

Me despedí de Tilcara y del mago, y con ello no solo del norte argentino sino del país en sí mismo, pues mi siguiente parada tenía cara de chola.


BOLIVIA


I. Villazón y el viaje a La Paz

Otra vez tener a la mano el pasaporte, hacer una fila eterna y cantar "solo voy con mi pena, sola va mi condena", diligenciar un formulario en el que te preguntan hasta si vas a entrar a Bolivia por mar y si has tenido problemas graves con la ley, en fin, tramites burocráticos que atan a las personas arrancándoles poco a poco su libertad.

Luego de las quejas, y ya con el pasaporte sellado, me encontré con un grupo de personajes únicos en su especie, ellos, "los chicos de La Rioja" tres chicos que se llamaban Charly entre ellos y una linda chica: Naty, quienes al igual que yo iban para La Paz, así que nos juntamos y nos fuimos en el mismo colectivo rumbo a la capital de las calles inclinadas y los nevados imponentes en medio de los andes, y otra vez se vino un tema a la mente con algo de distorsión "porque no hay nada como ir juntos a La Paz".

En el colectivo íbamos los cinco juntos en la última fila de asientos muy contentos y divertidos, ya se entraba la noche y cada quien fue durmiéndose como pudo, cuando de repente, un salto, gritos y un fuerte golpe en la cabeza, varios sentimos que se había llegado la hora final, pero fue mas el susto que nos generó el irrespeto del conductor al pasar un hueco de la vía a alta velocidad y el golpe en la cabeza que despertó a más de uno, como al Charly propiamente dicho que salió volando casi hasta la mitad del colectivo y a Willy -otro de los charlys- que dió una vuelta en el aire ya que llevaba los pies sobre el asiento de adelante.

Al fin llegamos a La Paz con un cansancio terrible, pero ahí estábamos más tranquilos y con ganas de dormir en un lugar estable y sin más sobresaltos.


II. La Paz

Nada como un buen hostel, un buen baño y descansar después de un viaje tormentoso, y como llegamos en la mañana, en la tarde La Paz fue nuestra, salimos a almorzar al mercado, caminamos por la peatonal, visitamos la Plaza de Murillo, fuimos a un mirador, al estadio y nos paseamos otro rato más por la tradicional plaza de San Francisco y a descansar, porque a varios aun nos dolían los golpes que recibimos en el colectivo.


III. Copacabana

No es la ciudad donde habitan Maru, Petronilo, Guadalupe, Susy y Laura, aunque podrían aparecer algunos paralelos asustadores. Yo no lo podía creer, ese pueblito al que la última vez había llegado en barco y del que me había ido caminando con mochila al hombro, estaba otra vez ahí frente a mis ojos aletargados, el Titicaca otra vez en frente con su inmensidad, me estaba enloqueciendo de la felicidad y de hecho no pude ocultarlo y grité, fue tan genial volver a estar allí.

Y las aventuras solo estaban comenzando, recuerdo que nos quedamos en una cabaña justo en frente del lago, desde mi cama, tapada hasta el cuello con las cobijas abrí los ojos en la mañana y lo primero que vi fue a un barquito de totora flotando sobre sus aguas; ese día fuimos a la montaña del viacrucis, que lo es literalmente, para subirla hay que tener tremendo estado físico y provisiones de hoja de coca. La vista del lago desde aquel lugar parece un montaje fotográfico, solo hace falta poner un par de patitos de hule al lado de las embarcaciones que allí descansan para completar la imagen.

Le dije a Copacabana hasta muy pronto y a los chicos de La Rioja, los abracé con un "ojalá nos volvamos a topar"


PERÚ


I. El Cuzco

Tras dos horas de espera en la terminal al fin estaban ellas ahí con su carita de emoción, mientras a mi me saltaba el corazón por volverlas a ver; la primera en aparecer fue Laurita, con una campera blanca, yo la reconocí a lo lejos y mis ojos no pudieron evitar llenarse de lágrimas, detrás de ella venían Vane y Ana Lucía, yo salí con mochila al hombro directo a abrazarlas, estábamos tan felices de volver a encontrarnos, parecía que el tiempo no hubiera pasado y que tan solo un día antes hubiésemos estado juntas tomándonos un café y escuchando tangos en el málaga.  

Una vez caminamos desde la terminal hasta la plaza de armas con mochila incluida, decidimos alojarnos en el mismo hostel del año pasado, ahí al lado del restaurante vegetariano; el Cuzco estaba bastante lluvioso, pero eso no fue obstáculo para disfrutar el paisaje, las calles, la gente y lo mejor de todo, la compañía que había estado lejana durante largos meses.

En una de esas jugadas del destino que uno no se espera la conocimos a ella: a doña Eva y a su amorosa familia, el trato que recibimos de su parte nos hizo sentir como en casa, con ellos comimos almuerzo tradicional cusqueño que empezó por un delicioso Pisco Sour, seguido de papas a la huancaína -Laura, y la huancaína donde está? -, tallarines horneados, ají de tomate, chicha morada y hasta inca-kola para el que se quisiera antojar, mate de coca para la digestión, y luego, cervecita cusqueña negra para pasar una tarde llena de risas y de fantasmas, (esta vendría a ser la tercera parte de la historia de terror del viaje) pues Vane y Laura vieron un espectro reflejado en uno de los vitrales de la casa y se pusieron pálidas literalmente del susto.

Con doña Eva y su familia recorrimos parte importante de los sitios que sí o sí hay que conocer del Cuzco, nos sentíamos como en una suerte de tour de esos que te da un familiar cuando vas a conocer la ciudad en que vive, tanto así que nos prestaron unos curiosos abrigos para subir al cerro en medio de la noche a divisar la ciudad, dónde por fortuna no había cámara entre mis pertenencias, pues de lo contrario las fotos mostrarían los bocadillitos en que terminamos convertidas.


II. El Valle Sagrado

Llevábamos, ya varios días en el Cuzco y no nos decidíamos si ir o no a Machu Pichu tanto por razones ideológicas como monetarias, así que para no alargar más la toma de decisión arrancamos rumbo al valle sagrado, la primera parada fue Ollantaytambo, lugar que conocíamos de el año pasado pero al que habíamos ido por la ruta de pisac y no por la de nos nevados que fue una locura total, tanto que yo tenía ganas de dormirme en el colectivo, pero no podía cerrar los ojos por la emoción que me generaba ver cada maravilla que se iba asomando durante el recorrido...hasta la maleza era hermosa: vestida de flores amarillas.

Una vez en Ollantaytambo y sin los dolores de rodilla del año pasado, recorrimos el pueblo, tendimos paño, exploramos las ruinas, nos percatamos de la forma de mazorca que tiene el pueblo, la canalización y el sistema de riego inca que aun sigue vigente, los perros eternos compañeros y especialmente fuimos muy felices; pero como diría la canción "todo tiene su final, nada dura para siempre", hubo que emprender camino hacia el siguiente destino denominado Pisaq.

Para llegar a Pisaq desde Ollantaytambo, debe tomarse un colectivo a Urubama, atiborrado de lugareños e historias locas que en esta ocasión no relataré; y de allí tomarse otro con destino a Pisaq. Resulta que todo iba bien, incluso la conversación que sosteníamos con un español residente en Urubamba que trabajaba en el Valle Sagrado, en una empresa de turismo comunitario; mientras el nos comentaba su experiencia, los lugareños escuchaban atentos, era muy particular como la cholita que estaba sentada al lado de Vane miraba fijamente a Juan, cuando ya ibamos llegando a Urubamba al fin los oyentes rompieron el silencio y empezaron a opinar sobre el tema en discusión, fue tan hermoso estar ahí escuchando su testimonio.

Nos bajamos del colectivo, nos despedimos de los compañeros de viaje y salimos en búsqueda de transporte para Pisaq, la noticia que recibimos fue que el último se había ido hacía  media hora y que para llegar a nuestro destino era necesario esperar al día siguiente y tomar el primer colectivo que salía a las 5:30am; fue así como sin intenciones de nada, terminamos pasando la noche en un hotel lujoso con precio de hostel en el corazón del valle sagrado: Urubamba.

Y como ya estábamos ahí, pues aprovechamos para recorrer un poco el pueblo en la noche, fue así como nos encontramos con una plaza de armas poblada de árboles que más que eso parecían la casa de un par de hadas, tal vez de las amigas de campanita y de los niños perdidos del país de nunca jamás, luego entramos a un café donde lo que menos no esperábamos era que su dueño fuese un gran ceramista, ese lugar parecía un museo de cerámica, realmente bello.

Descansamos en nuestras confortables camas, disfrutamos de nuestro baño privado y al día siguiente madrugamos rumbo a Pisaq, a dónde llegamos muy a las 6:30am y emprendimos camino rumbo a las ruinas del templo del sol y de la luna y el cementerio inca mas profanado que se conozca, en ese lugar pasamos un hermoso día, Vane y yo no pudimos evitar recordar a Hipolito, el chico que conocimos por ese camino en el viaje anterior con un bastón de madera y flores silvestres en la mano, mientras que sobre su cabeza llevaba una gorra emblemática del comandante Ché Guevara, y quién nos habló del papel que estaban desempeñando las ONG'S en su pueblo dañando el rio y abusando de los campesinos, nos mostró el camino al INTIWATANA, camino que esta vez nosotras le mostrábamos a Laura y a Ana.

Para describir el lugar y la sensación que te invade cuando abres los ojos y ves la imponencia de la montaña y el amarillo de la mal llamada maleza, se necesitarían rollos infinitos de papel, así que queda la recomendación para ir y dejarse atrapar por la magia del lugar.

Terminó el recorrido por Pisaq, incluyendo ruinas arqueologicas y mercado de artesanías, lo que hizo que llegara el momento de regresar al Cuzco y con ello iniciar el viaje de regreso hacia el sur, haciendo caso omiso a Charly García porque no fuimos en tren, tampoco en avión.
  

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