Era noche de carnaval, todos salimos de casa buscando baile, murga y folclore. Era la primera vez en que iba a escuchar la murga donde una de mis grandes amigas que vestida de arlequín tocaría los platillos, al verla, mis ojos casi se desorbitan, era otra, parecía un sueño, su carita toda pintada, ese traje que parecía de película y su gorro enorme con puntas, me emocioné tanto, que la abracé y terminé llena de escarcha por todas partes, parecía que tuviera puesto un vestido de brillantes perfecto para el baile y justo ahí, entre el abrazo y la emoción, apareció él con una sonrisa grande, nos presentaron, hablamos un par de minutos y nos separamos porque había mucha gente en la fiesta a quién seguir saludando.
Saludé al cocinero de la otra noche, al chico que cada tarde me trae un puñado de flores a cambio de un abrazo que dure veinte minutos, a mi amiga la de la bicicleta y el baile sensual, me crucé unas cinco veces a mi amiga la peli azul, a la chica que perdió a su cachorro, a un abogado de estatura inversamente proporcional a su sarcasmo, a mi extrañada amiga rastafari y su reconocida frase "cuéntamelo todo", a un par de perros y hasta a un payaso acróbata que se estaba comprando una cerveza.
La noche avanzaba y la murga sonaba, yo estaba muy tranquila, esperando a que mi amiga bajara del escenario para darle un gran abrazo, cuando en esas que nos encontramos, estaba el nuevamente allí, nos acercamos a ella a darle un abrazo colectivo que nos llenó aun mas de escarcha y mientras esperábamos a que se quitara el traje de arlequin él y yo fuimos a comprar algo para tomar, hablamos de cotidianidades, nada extraño, conocimos a una chica bastante particular que andaba con un bombón rojo como el amor entre su mano y su boca, llegó mi amiga la platillera, nos tomamos una bebida de cebada con ella y él se despidió pronunciando un simple hasta luego.
No pasaron más de tres minutos, para que la chica del bombón se acercara a mi a hacerme una pregunta de esas que te dejan paralizado en medio del patio, yo le dije que sí, me tomó de la mano y me llevó corriendo por entre la muchedumbre hasta la puerta donde el me esperaba al lado de su bicicleta, yo no sabía que hacer, solo lo abracé y le pregunté lo mismo que me preguntó la chica del bombón, el me respondió que sí, entonces nuestros labios se juntaron como en un cuento de hadas, el me tomó por el cuello, acarició mi rostro y me dijo "eres mi hermosa, nos vemos en el carnaval" yo le sonreí, lo volví a besar y desaparecimos entre un estruendoso sonido de platillos.
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