lunes, 17 de marzo de 2014

Viaje sin cámara 2.0: el regreso

Una vez recorrido el Valle Sagrado, y como ya lo dije, sin tomar tren, pero  tampoco avión, se llegó la hora de regresar camino al sur del sur, sin que por ello el viaje se diera por terminado y comenzara una travesía de un colectivo a otro.


PERU

I. Cuzco

De nuevo por las calles de Cuzco pero esta vez solo para conseguir un buen almuerzo, comprar un par de recuerdos e ir por la mochila al hostel, durante esta última labor, nos encontramos con la noticia de que doña Eva estuvo preguntando por nosotras y nos dejó un detalle particular a cada una traducido en un CD de Miki Gonzales y un par de aretes con motivos incas.

Cuando ya estábamos listas para salir del hostel hacia la terminal, volvió a aparecer doña Eva, allí estaba con su carita de emoción por volver a vernos antes de nuestra partida, nosotras, también nos emocionamos un montón al verla, al final nos quedamos un rato hablando con ella, le agradecimos por toda su amabilidad y la de su familia, y terminó llevándonos hasta la terminal de Cuzco, allí nos despedimos como cuando uno se va de la casa a un viaje largo, al menos yo tenía esa misma sensación en el estómago, doña Eva se fue y nosotras nos quedamos esperando a que fuera hora de partir cuando de repente ahí estaba Maria Eugenia, su hija, quién también fue a despedirse de nosotras y otra vez la emoción de verla y la nostalgia de la despedida invadiéndonos, hasta que llegó el momento en que nos tuvimos subir al colectivo y partir hacia un nuevo destino.


II. Puno (Noooooo.)

Llegamos a Puno, ahí en frente del Titicaca, pero esta vez del lado peruano y eso si que fue evidente, el lago no tenía ese color cristalino que recordábamos de Copacabana, sino una gran sabana verde mohosa y un olor terrible, esa vez no visitamos la Isla de los Uros porque ya lo hicimos en el viaje pasado y el recuerdo que quedó fue un poco triste por la teatralidad que adoptaba la comunidad para vender turísticamente el lugar.

Era muy temprano aun, hacia frio, el sol no calentaba, pero con todo y eso nos fuimos a recorrer el pueblo, y en definitiva, nada nos motivó a quedarnos allí, así que como ya teníamos los pasajes comprados a Copacabana nos hfuimos a la terminal a ver si nos adelantaban la salida, pero no fue posible, entonces nos quedamos esperando a que fueran las dos de la tarde para irnos, en esas el vendedor de pasajes nos comentó que había un bloqueo en la vía desde ese día en la mañana y que por tanto si queríamos ir a Copacabana tendríamos que caminar entre siete y diez kilómetros que eso vendrían a ser mas o menos dos horas largas, hicimos consejo de emergencia y decidimos aventurarnos a un viaje que recordaba mucho la experiencia pasada donde Cata, Vane y yo debimos salir de Copacabana también caminando hasta la frontera con Perú porque la carretera también estaba bloqueada por los campesinos.


III. El camino del mochilero 

El colectivo partió de Puno y a tan solo una hora de camino ya estaba el bloqueo, así que a bajarse del bus, agarrar la mochila, cubrirse del sol y salir caminando. Por la carretera nos encontramos con los campesinos que se encontraban en pie de lucha bloqueando el paso de vehículos con rocas, botellas de vidrio quebradas y grandes troncos de madera, nosotras seguíamos caminando golpe a golpe, verso a  verso, hubo momentos en que tuvimos que parar un poco porque el peso de la mochila nos hacía agotar mas rápido y eso simado a la altura de las montañas peruanas, no es que sirva de mucha ayuda para una larga caminata.

Al final después de caminar al menos dos horas y subirnos en el bolquete de un carrito de acarreos, llegamos al lugar donde nos esperaba el siguiente bus que en teoría nos llevaría hasta Copacabana, nos subimos y otra vez arrancamos, una hora después llegamos a Kasani donde nos cambiaron otra vez de colectivo y entre cambio y cambio, Vane perdió sus artesanías; en ese lugar nos encontramos con la sorpresa de que las oficinas de migraciones de Perú y de Bolivia estaban cerradas y todos los que veníamos en el bus no teníamos mas que hacer que pasar la noche en Copacabana y madrugar al día siguiente a hacer sellar el pasaporte, la empresa de colectivos, nos dijo que ya había hablado con el personal de migraciones y que no había problema con que nos quedáramos esa noche en Copacabana, solo con la condición de regresar a primera hora a hacer sellar nuestros respectivos pasaportes, yo olía algo extraño en el ambiente, pero con el cansancio que teníamos, lo mejor era ir a pasar la noche allí y madrugar al día siguiente.

El tipo de la empresa de colectivos nos citó a la mañana siguiente a primera hora, donde nos dijo que nos llevaría a la frontera y nos volvería a traer a Copacabana, palabras que fueron un farsa, pues al final salió con mil pretextos y ni siquiera nos pagó el pasaje de ida y vuelta a la frontera.

Y estábamos otra vez en Kasani, mientras cruzabamos hacia el lado peruano empezamos a entonar otra vez "solo voy con mi pena, sola va mi condena, correr es mi destino para burlar la ley, perdido en el corazón de la grande Babilón, me dicen el clandestino por no llevar papel", en Perú todo estuvo bien, nos sellaron el pasaporte marcando salida sin problema, el lío como de costumbre lo vivimos en la oficina de migraciones boliviana, dónde de milagro no nos pidieron examen de orina, pues querían saberlo todo, y la razón muy sencilla: nuestra nacionalidad colombiana. Al final después de pelear, lloriquear y hasta hacer una buena actuación, terminaron sellándonos el pasaporte y pudimos volver a Copacabana.


BOLIVIA

I. Copacabana

Igual que antes de salir de Colombia, en un lugar llamado Copacabana compartímos con Laura lo que quedaba del viaje, ahora el turno le tocaba a Copacabana pero la de Bolivia, donde pasamos lindos días mojadas por la lluvia obstinada que caía por esos días sobre toda Bolivia, en ese lugar conocimos a un trío de personajes que se autodenominaba "Mixtura Fina" reconocidos mundialmente por su menú alimenticio: sanduche de palta (aguacate)24/7, uno de estos personajes: Mariano, me enseñó un par de trucos de magia, que por mala praxis me tienen con un sin número de monedas entre las orejas y otro tanto en el brazo, sin contar con los lapiceros que tienen orden de captura con copia en la Interpol.


De Lau y Ana lucía nos despedimos el mismo día en que Vane y yo partimos hacia la Isla del Sol a vivir una experiencia alucinante, no tuvimos tiempo de llorar ni de salir persiguiendo el colectivo en que se subió nuestro pequeño pony, pues nuestra barcaza zarpaba a la misma hora que su colectivo con destino al Perú.

Durante el recorrido a bordo del navío conocimos a una pareja de chilenos adorables con quienes no solo compartimos viaje, sino un par de noches, vinos y risas en frente del lago sagrado; al segundo día de nuestra estadía, valga aclarar que no se trataba de un cómodo hotel de lujo sino de una modesta carpa con su respectivo plástico y canaleta, pues la lluvia por esos días no quería detenerse ni con una cruz de sal dibujada sobre la tierra con un cuchillo clavado en la mitad; nos encontramos otra vez con el trío del sanduche de palta y con el al segundo majo de este viaje, porque el tercer mago se quedó en Copacabana después de enseñarme el truco de la moneda antigravitacional que no he podido poner en práctica porque las agencias espaciales del Tio Sam me tienen vigilada y no pienso compartirles semejante proesa, sencillamente, porque no lo merecen, a eso le llaman los que saben karma, maldito karma.

En ese lugar pasamos dos noches a punta de carpa, lluvia y menú auspiciado por mixtura fina, vimos amaneceres de ensueño, quisimos colaborarle a Cortázar con su soñado oficio de cazar crepúsculos, pero como tampoco eramos cineastas, fracasamos en el intento, recorrimos las ruinas de la montaña y como no podía faltar la sumergida en el lago, probamos sus deliciosas y al mismo tiempo muy heladas aguas, de las cuales salimos tiritando pero felices, allí también adquirimos un increíble bronceado boliviano, que nos hizo agradecerle al universo por el hecho de no tener cámara entre nuestras pertenencias para que no quedaran pruebas del tono que adquirieron nuestras pieles.

Nos despedimos de la Isla del Sol, evidentemente sin ganas de irnos, ese lugar atrapa desde el mas experto en huir hasta al mas incauto de todos, así que si alguien se anima a ir, mejor lleve provisiones para quedarse al menos una semana allí totalmente desconectado del resto del mundo, aseguro que valdrá la pena.

Sin más regresamos a Copacabana, pasamos allí una noche, nuevamente en la casa de doña Nelly la de los dientes enchapados en oro con forma de corazón y su invitación que tuvimos que rechazar por fata de tiempo, ya que se trataba de una fiesta organizada por ella donde invitaba a todo el pueblo, con turistas incluidos,no importa que fueras indio, negro, blanco o hasta gringo, podías disfrutar de baile con orquesta, comida y cerveza paceña, todo gratis porque Nelly invita para ganarse el respeto del pueblo, ese evento ocurrió dos semanas después de nuestra partida de Copacabana.


II. La Paz

Y vuelve a sonar el clásico de Papo en versión acomodada "porque no hay nada como ir juntos a La Paz", esta vez no llegué con traumatismos en mi cabeza por fortuna y la compañía no pudo haber sido mejor que la de mi gran amiga Vane.

Estando allí otra vez fuimos a buscar el hostel donde paramos el año pasado con nuestros amados amigos Max y Cata, solo faltaban ellos dos para que la felicidad fuera completa, pero como no podíamos convertirnos en un par de lloronas porque corríamos el peligro de convertirnos en un elemento de exhibición para la calle de las brujas al lado de algún talismán o de la canasta con palo santo o lo que es mas terrorífico, al lado de los abortos de llama disecados.

Así que siguieron las aventuras, por las calles de La Paz al ritmo de la renga porque "cuando vaya pa' Bolivia por las calles voy a andar, quizás entre en un cine y después entre en un bar,: seré amable con la gente, les daré mi corazón, y a cada fiesta que me inviten, les cantaré mi canción", y así fue, especialmente el día en que queríamos hacer conquista intelectual a la salida de una conferencia llena de antropólogos, sociólogos y filosofos, de esos que tienen la mala costumbre de cautivarnos, pero la conquista duró poco porque nos fuimos a acompañar al pueblo, a la gente que protesta día y noche en frente de la casa de gobierno y que no teme a la policía, porque la policía que por cierto parece que fueran hombres disfrazados de policía de juguete, les teme a ellos...mas les vale, y que NO SE CONSTRUYA EL PUENTE DE LA GARITA, porque más de una chola se quedará sin pan para darle a sus hijos en casa.

De nuestra visita a La Paz no podía pasarse por alto el paso por la calle de las brujas ya mencionadas, por donde pasamos con carita feliz para que no nos contrataran de lloronas, o lo que es peor, para que no nos disecaran y nos dejaran en la vitrina de algún local, allí conocimos a doña Adela quién por su nombre sonoro nos puso a cantar "si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar, si es por mar en un buque de guerra, si es por tierra en un tren militar", esa encantadora mujer que no podría huir por mar por simple imposibilidad geográfica, ahora, lo que a su lado aprendimos es que si llevas un condorcito pequeño en tu mochila tendrás un viaje bonito, que si alguien te regala un gallito, es probable que conozcas a un chico que conquiste a tu corazón o que te vuelvas irresistible para el género masculino, al igual que para el femenino si te regalan una gallinita, que los talismanes te auguran buenas cosas según la figurita que traigan adentro que puede ser desde una casa, un auto, buena vida y hasta una pareja, usted escoja nomás .

Adelita al vernos tan entuciasmadas, nos hizo un para de presentes, para que tengamos buena fortuna y encontremos y un amor o que el nos encuentre a nosotras, hasta ahora, Vane y yo andamos de una racha sorprendente, a ella todos la invitan a una cosa y a la otra, y a mi, los rizos se me han potenciado a tal magnitud que su poder de conquista no tiene precedentes.

En La Paz también pasamos por el mercado de las Alasitas, que es una alucinación total, allí venden cualquier cosa que uno se llegue a imaginar pero en versión miniatura, como para el chapulín colorado cuando se toma sus pastillas de chiquitolina, se encuentran cosas muy bizarras, tanto que yo terminé comprándole a mi amigo Nico Valentini una casa con papeles, es decir, con escritura pública y todo el asunto, Vane firmó de testigo y la señora que se la rezó decía "santa barbara, santa ana, san no se quién, san tal y san pascual, que ese muchacho Valentini tenga su casa...en allá" y lo repetía varias veces, Vane y yo no sabíamos si ponerle seriedad al asunto o morirnos de la risa, ahora Nico tiene su casa, en modelo alasitas, esperemos que pronto nos invite a vacacionar a su nueva casa ...en allá.

Solo falta un lugar por relatar de nuestro recorrido por La Paz y no podía ser otro que la locura de mercado del alto, del que nos habremos caminado una quinta parte o quizás menos, pero del que regresamos llenas de cosas, entre ellas mochilas, vestidos, faldas, camperas, sacos, medias, calzas y de milagro no nos chantan algún balón pinchado o un par de zapatos con la suela desgastada, porque no hay lugar mas bizarro después de las alasitas que el mercado del alto y si no me lo cree vaya usted para que lo compruebe con sus propios ojos.


Entre todas estas aventuras hubo un día en que nos escapamos de la ciudad y nos fuimos a conocer en persona al original del monolito fraile


III. Tiwanaku

Llegamos a ese lugar donde las rocas toman las formas que nuestros ancestros eligieron para permanecer entre nosotros a pesar de la destrucción, la suplantación, la degradación y todos aquellos otros males que nos trajo el mundo occidental; allí no sabíamos si reír o llorar, la indignación se apoderó de nuestro ser al ver tanta profanación junta, tanto descuido, al observar el robo que la iglesia misma le hizo a la cultura, cuya muestra mas descarada y evidente fue el templo ubicado en la plaza principal del pueblo, construido con las rocas que hurtaron de los monumentos, de la cruz del sur que partieron en mil pedazos y que tuvieron el descaro además de usar las imágenes sagradas de los tiwanaku en parte de las columnas del templo para crear confusión en torno a la adoración de los dios-ses.

En los museos, porque en eso convirtieron a cada una de las ruinas, todo estaba hecho un desastre, tanto que no se comprendía por qué los costos tan elevados en la boletería, aunque estar en el templo sagrado, escuchar la acústica increíble del lugar a pleno cielo abierto ver al monolito ponce, al monolito fraile, a la puerta del sol, al espejo de las estrellas y a otras tantas maravillas fue muy hermoso. Quejas, todas las del mundo, empezando porque el museo de las rocas era el más descuidado de todos cuando debió haber sido el más importante, literalmente estaba en ruinas y eso que llevaba tan solo tres años funcionando.

Al final nos fuimos de Tiwanaku con el alma partida en dos e indignadas por el abuso y el hurto a una cultura tan ancestral y maravillosa como la que siglos antes se erigió en ese lugar.


IV. Coroico

Las ganas que teníamos de ir a la selva no se quedaron sólo en eso, pues nos pusimos en marcha hacia Coroico, ese lugar famoso por su antigua carretera también denominada como "la ruta de la muerte" allí estuvimos en medio de la montaña, nos sentíamos como en algún pueblito de cordillera colombiano, aunque el lugar tenía algo de misterio, una energía extraña corriendo por las calles, las casas y hasta por los rostros de las personas, se respiraba cierto aire de invasión y de maltrato, no se si fue sugestión mía pero había algo raro en ese pueblo, aunque el paisaje compensa cualquier cosa, ver las montañas llenas de verde y con un par de nubarrones acompañándolas no tiene precio, esto sumado a que en esa región de la geografía boliviana se cultiva café orgánico, muy similar al que uno se encuentra por Colombia, eso me puso tan feliz, sentir ese aroma me estaba enloqueciendo y a Vane también, porque se quería salir por los poros de mi mochila toda la fragancia del café que hoy me hace compañía en las tardes rosarinas.

En ese lugar nos encontramos con la imagen que cualquier antropólogo aficionado pagaría por ver, justo allí desde una de las esquinas del parque había una chola afro, una negra de esas que uno fácilmente se encuentra deambulando por cualquier lugar del pacífico colombiano, lo cual nos llenó de interrogantes y empezamos a preguntar por esta maravilla, fue así como descubrimos un lugar al que no habíamos planeado ir justo en medio de la montaña.


V. Tocaña

No se trata de un pueblo común y corriente, es más bien una comunidad y ellos se autodenominan así, a mi también me gusta esa denominación, me parece que tiene un significado más apropiado para lo que ellos son y lo que comparten entre sí. Ese lugar incluso no cuenta con la infraestructura de un pueblo de los que uno está a costumbrado a ver, tanto que el día en que llegamos, una de las señoras que venía con nosotras en el colectivo nos invitó a quedarnos en su casa y se bajo antes del colectivo, así en plena carretera -no pavimentada-, y se subió a su casa que estaba a unos treinta metros por un caminito, nosotras le dijimos que primero queríamos ir a la plaza y mirar para no incomodarla, lo más particular fue que el colectivo dio una curva más y ya estábamos en la "plaza" que no era mas que la calle donde estaban la escuela, la iglesia y un par de tiendas, en una de las cuales a plenas nueve de la mañana había un grupo de sujetos tomando cerveza  paceña, entre ellos, el propio dueño del local.

Al encontrarnos con semejante paisaje, decidimos entonces regresar a la casa de Benancia, donde me encontré con unos ojos que me mataron de amor, esos eran los ojos de Joaquín, un pequeño de año y medio de edad, que literalmente se enamoró de mi o de mi pelo, aun no lo se, pero era el mas coqueto del mundo conmigo y yo feliz con él y con el sonido de su tambor.

En ese lugar compartimos con Elvira y Vlentina, un par de chicas chilenas bastante divertidas, con a quienes llevábamos cruzándonos por el viaje en repetidas ocasiones, la primera vez fue en Cuzco, luego en Copacabana y luego en Coroico, de donde partimos juntas hacia Tocaña a seguir viviendo la aventura denominada Bolivia, el menú allí siguió siendo sanduche de palta, patrocinado nuevamente por mixtura fina, pues en la única tienda del pueblo no había más que un tendero borracho que del pedo que tenía hasta le preguntaba a uno cuanto le debía devolver y para acabar de ajustar se disculpó por su estado, diciendo que su esposa había muerto, nosotras muy avergonzadas le dijimos que lo sentíamos, frente a lo que respondió que ella había muerto hacía diez años, entonces nosotras no sabíamos si reírnos de su mal chiste o apenarnos de su dolor.

Luego de la tienda, nos fuimos a explorar el pueblo, e inesperadamente estábamos en el patio de doña Candelaria, que viene a ser la madre de Benancia, estaba ahí sentada tranquila sintiendo el aire, observando la montaña, escuchando al viento zumbar y a las aves del campo trinar, todo parecía más que un sueño, una alucinación, ella se veía tan tranquila, nos transmitía toda su paz y nosotras no podíamos hacer otra cosa que sonreir, pasamos gran parte de la tarde compartiendo con ella música e historias y seguimos recorriendo la montaña hasta que se hizo de noche y la luna llena se nos mostró como un gran faro en el cielo.

Al día siguiente nos despedimos de Tocaña, de su paisaje y de su gente bella, con las ganas de regresar más temprano que tarde a compartir muchos más días con las personas y el paisaje.


*La despedida

De Tocaña nos fuimos directamente a la Paz, porque "no hay nada como ir juntos a La Paz", donde pasamos la última noche de viaje activo juntas, pues ya por falta de tiempo y presupuesto era hora de que Vane partiera hacia el norte y yo hacia el sur, recorrimos otra vez un poco la ciudad, empacamos bien nuestras mochilas a las que ya no les cabía un recuerdo ni un trapo sucio más, al amanecer, vane partía primero que yo, así que tomé su mochila y la acompañé hasta el colectivo y sin más, nos abrazamos, no lloramos tanto como el año pasado, nos dijimos cuanto nos queríamos y chao, hasta pronto, ojalá que la  próxima vez sea en Colombia.

Como mi colectivo salía en la tarde, decidí aprovechar el tiempo libre para recorrer mis calles favoritas de La Paz con el corazón suspirando especialmente en aquel lugar donde se escucha la voz del poeta decir...

Certeza

De la profunda herida inflingida,
nunca manó la sangre desalentada,
que pudo conceder:
"el mar está más lejos que una noche pasada".

En la ronda de las oscuras horas
Una sangre fecunda y porfiada,
se empeña en repetir a cada instante:
"el mar está más cerca que mañana".
                                         
                                                                  Jaime Caballero Tamayo


ARGENTINA


I. Ledesma - San Francisco

Y regresé al país austral con un cansancio terrible, así que volví a encontrarme con mi amigo el mago, quién me invito a la selva, propuesta a la que no me pensé negar, así que nos encontramos en san  Salvador, tomamos colectivo a Ledesma donde tuvimos que pasar la noche para poder madrugar al día siguiente a San Francisco, lugar al que nos llevó un amigo suyo -el veterinario carnívoro-, por el camino, encontramos un árbol de guayabas, para mi era como un sueño hecho realidad, hacía tanto que no me comía una de esas frutas que fuí muy feliz al degustar nuevamente su sabor.

Ya en san Francisco, todo parecía un sueño, sólo se respiraba aire puro, no había señal de celular, la gente se veía pasear por los caminos muy sonriente, a cada curva de la carretera había un nuevo paisaje digno de ser enmarcado, desde las montañas, los abismos, los animales y los torrentes de agua, en ese lugar sentimos una conexión increible con la naturaleza, tanto, que nos mirábamos y se notaba en la cara del otro un estado de felicidad que pocas veces se puede experimentar en la selva de cemento.

Me despedí del mago, quién desapareció misteriosamente en un clic y continué mi camino hacia la ciudad natal del comandante Ché Guevara.


II. Rosario

Otro largo viaje en colectivo y otra vez el río Paraná a pocas cuadras de mi casa, calles para recorrer en bicicleta, un altillo desde el que se ven los mejores atardeceres de la ciudad, los rosarinos del piso de abajo, amigos entrañables, el silvato del tren en la noche y vuelta a la realidad, perdón a la cotidianidad, porque Rosario siempre estuvo cerca

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