...A Yami y también al tri-o maravilla.
Todas las noches se escuchaba el mismo maullido, especialmente las noches de jueves en las que las tres chicas llegaban al departamento de la bailarina con dos bicicletas, que de una u otra forma cabían junto a ellas en el pequeño ascensor de aquel viejo edificio ubicado en el centro de la ciudad.
La mayoría de las veces, estas tres mosqueteras llegaban destilando agua por todas partes, especialmente por las llantas de sus vehículos de propulsión a pedal, pero a causa de toda la cerveza que acostumbraban a tomar llegaban siempre a las carcajadas y contándose mil historias sobre gallos y gallinas de todo tipo, a tal punto que lo menos trascendente era la humedad que por poco inundaba el departamento y se escapaba por sus enormes ventanales.
Todos los jueves se repetía la historia, con el agravante que cada una de ellas cargaba responsabilidades matinales de viernes de carácter impostergable y que sus despertadores habían enloquecido cambiando de sonido o diciendo "dormir activado", de modo que siempre debían salir incluso sin desayunar a cumplir con sus responsabilidades de último día ordinario de la semana.
Durante una de las tantas noches en que este grupo de chicas se reunía ocurrió algo inesperado, pues un silencio sepulcral invadió el living del departamento, las tres solo atinaron a mirarse con los ojos muy abiertos y sin realizar ningún tipo de movimiento ni pronunciar palabra, se quedaron escuchando un sonido felino que provenía del departamento de arriba, que más que un sonido, parecía un ruido cinematográfico digno de una película de Hitchcock, las chicas intentaban retornar a sus conversaciones banales, pero el ruido de cuando en cuando regresaba como quién en una noche de insomnio sale de su cuarto al baño o a la cocina y regresa en repetidas ocasiones.
A eso de las cuatro de la madrugada, cuando ya debían irse a dormir, si es que pretendían llegar a tiempo a cumplir con las responsabilidades que el mundo capitalista les había impuesto y que ellas enceguecidas habían aceptado, las teorías a cerca de los ruidos felinos del piso de arriba comenzaron a tomar forma.
En efecto, resultó que luego de investigaciones exhaustivas descubrieron que el maullido no provenía directamente de un felino, sino mas bien de un objeto inanimado que debido al insomnio del vecino del arriba, tomaba vida propia durante las noches lluviosas de jueves, fue así como la puerta del vecino terminó por ser bautizada como la puerta gato, esa misma que no dejaba dormir tranquilo al violín de una de las chicas, pues le hacía pensar en que quizá fue fabricada con el mismo material de aquellas cuerdas que se negó a usar hace un par de décadas.
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