Cuantas veces más tendré que repetir la misma historia, dime qué tengo que hacer para que entiendas que ya no soporto ni un minuto más a tu lado, que me repele tu respiración, que no soporto que tu pupila quiera marcarse en la mía. De qué manera tengo que decírtelo, para que entiendas de una vez portodas esto que pasa, esto que definitivamente no pasa, como no pasa mas el tren por las sendas del norte de país, como dejaron de pasar los camalotes en la época de sequía flotando sobre las aguas del viejo Paraná.
Te digo lo mismo una y mil veces, lo repetiré hasta que mi voz carezca de sonido, hasta que mis labios solo sirvan para moverse, lo haré para hacerte entender estas palabras; tal vez una de estas noches no te hable con los labios pero si con el cuerpo o con el alma, entraré a tu cuarto en forma de brisa, levantaré tu sábana, te despertaré y tendremos una larga charla; te haré comprender porque el amor es como los alfajores, unas veces de dulce de leche, otras veces de chocolate y otras, como la nuestra, de solo baño de merengue, pero con un vacío adentro, porque el dulce de leche estilo colonial ya no aparece en la lista de precios cuidados y no me alcanza el presupuesto para traer uno en mi canasta.
Quiero que te quede claro que no ha cambiado en nada mi idea de no firmar papeles, no lo quise hacer aquella tarde gris en que flores violeta caían de los árboles en el centro, mucho menos lo quiero hacer ahora que el sol golpea tan fuerte las calles de la ciudad como para dejarme ciega.
Estoy preparando la maleta, esta noche partiré hacia un nuevo destino en el que espero no encontrarte, pero antes vas a verme volar por los techos de esta ciudad que crees tan tuya espantando el sueño a los imbéciles.
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