sábado, 19 de agosto de 2017

Cómo te llamás

No se cuantas veces te habré visto, trabajamos en el mismo edificio, en diferentes pisos y distintos oficios, lo tengo claro porque en el ascensor oprimís "piso uno", porque no te he visto en el pasillo del segundo y por tu forma de vestir que no muestra a un hombre de pacientes y citas.

La primera vez que te vi, me fasciné con tus ojos negros y redondos, con tus labios carnosos, tu barba de tres días y tu pelo que no se enreda, de modo que cada vez que te he seguido cruzando, sólo he atinado a mirarte y cuando me acuerdo de saludar la voz me sale como la de una adolescente tímida y nerviosa. Un día te pregunté por el clima cuando abría la puerta del edificio para salir a la calle y justo vos entrabas, me parece que no entendiste lo que te dije, porque quedaste de una pieza. Otro día te vi llegando al edificio hablando por celular, parecía que sintieras mi presencia pasos atrás, te detuviste y yo, disimulé y seguí caminando hacia el edificio. En una ocasión pasaron varias semanas sin que nos cruzáramos y ahí me empecé a preguntar por tu nombre, tenés cara de llamarte Lucas o tal vez Juan, no lo se.

Decidí idear un plan para la próxima vez que te viera preguntarte y desde eso han pasado ya dos veces, la primera me saludaste vos primero y yo solo atiné a decir cómo estás, la segunda, estabas por cerrar la puerta del edificio, yo bajé las escaleras a toda prisa como presintiendote en ese lugar,  cuando te vi en la puerta esperándo, bajé la mirada y no pude verte a los ojos, tan solo te dije gracias con voz de adolescente y salí corriendo como una cobarde.  

Mañana, espero poder volver a cruzarte y que eros me de fuerzas para hablarte y preguntarte tu nombre sin miedo, tal vez te invite a tomar un café después de las tres de la tarde o tal vez siga siendo una eterna adolescente hasta que vos te decidás a llamarme por mi verdadero nombre.

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