jueves, 10 de marzo de 2016

Un intelectual tomando Pritty*

Me imagino a un intelectual tomando una bebida gasificada con sabor a limón, de esas llenas de mucha anilina, con un nombre que se encuentra justo en el límite de lo popular y lo burdo, lo veo sentado en la mesa de un bar, tomando su bebida con sorbete sin hacer ningún tipo de comentario, sólo agrandando y achicando los ojos cada vez que ve o escucha algo que le llama la atención negativa o positivamente.

Es en ese instante cuando aparecen las damas del café, son un grupete de entre cinco y diez mujeres  cuyo rango de edades oscila entre los cincuenta y sesenta y cinco años, que piden sus cafés con gran alboroto y alevosía, el intelectual, bebe un sorbo de la bebida, entrecierra un poco los ojos e intenta hacerse el sordo, pero con los aullidos de estas mujeres no basta con simular falta del sentido del oido, pues ni con tapa orejas de obrero de la construcción se puede escapar de semejante quilombo. 

Como si eso fuera poco, aparece un tipo al que "se le nota la plata" con ínfulas de Chayanne porteño, quién al ver al intelectual con su bebida extremadamente azucarada y llena de color, decide pedir en la barra "lo mismo que está tomando el señor", sólo por tratar de verse igual de interesante al intelectual, plan que de entrada está destinado al fracaso, no se si es por la mirada del envidiado con ojos saltones o por su pinta puertorriqueña en pleno otoño rosarino.

Se ha llenado el recinto y la botella de líquido colorido aún está por la mitad, el grupete de menopausicas sigue parloteando, el Chayanne porteño no soporta el mal gusto de la bebida y el intelectual...aparece un hombre alto rubio, con unos enormes y enrojecidos ojos azules, que miran a la dueña del bar, mientras de su boca salen palabras ininteligibles, al parecer le impresionó que esta mujer fuese tan limpia, reina en el lugar un ambiente de tensa calma, debido a la presencia de este ser tan ajeno a las realidades de los demás presentes, incluso la radio se queda sin música de fondo para acompañar el momento. 

Es allí cuando el galán "latino", toma un poco más de su bebida e inmediatamente tiene que escupirla dentro del vaso, se encuentra lleno de asco y empalagado hasta los tuétanos, las damas de edad avanzada empiezan a abrir y cerrar los ojos como con una suerte de tic nervioso provocado por el café, inclusos algunas sacan la lengua y se la muerden, el sujeto de los ojos enrojecidos se toma un vaso de efervescente soda, la dueña del local huye despavorida, mientras el intelectual observa detenidamente la escena que el exceso de azúcar y manchatripas le ha generado a su mente. 

* Algunos hechos y personajes de esta historia sobrepasan la ficción, al que le caiga el guante...





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