Hoy desperté con ganas de convertirme en una creatura felina, así que decidí tomarlo cómo propósito del día. Lo primero que hice fue tomar una taza de leche tibia, sentarme un rato a mirar desde mi ventana esos pequeños bichitos que se despiertan con el sol y vuelan por todas partes, intenté atrapar un par, pero mi falta de pericia en el asunto hizo bastante complicada la tarea.
Mas tarde, me di un baño general y exhaustivo, por las dudas, esmalté mis uñas para verme perfecta, salí a dar un paseo por el vecindario, escuché como desde varias terrazas me llamaban y me hice la difícil, tanto así, que a un par de pretendientes envié llorando a casa.
Entrada la tarde, dormí una larga siesta de la que con mucho esfuerzo logré despertar para hacer un paseo crepuscular y recibir los últimos rayos de sol del día, que a mi parecer, son los mas tibios; llegó la noche y con ella los maullidos de los gatos vecinos que quieren llamar la atención, el llanto desgarrador de mis amigas en celo, las corridas de un techo a otro tratando de descubrir nuevos mundos y ese fantástico hecho de subirse al árbol más alto a contemplar la luna, lástima que justo en ese momento llegaron los bomberos y un cuerpo de ayuda psicológica para bajar de allí a la chica que se quería suicidar.
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