Ahora que todo va cambiando de color, parece que también lo hago yo, así tan parecido a la canción en estas tierras lejanas. Siento que voy tornandome de un matiz que nunca antes había conocido, se va metiendo por entre mis poros, hay días en que me ataca por la cabeza, otros días me pica justo arriba de la ceja, a la madrugada se me intenta meter por la uña del dedo meñique izquierdo, la otra noche me hizo inflamar el labio inferior, y qué dolor tan grande tuve, tanto, que me levante a las corridas, me puse una suerte de ungüento que encontré en el encobilador que colgaba de la pared del cuarto de baño.
Cuando sentí que el dolor comenzaba a menguar, ocurrió lo que nunca habría imaginado, justo ahí, frente a mis ojos se encontraban los suyos totalmente desorbitados con un color entre un rojo carmecí y escarlata con un puntito negro que a duras penas se podía ver en el centro, se abrían y cerraban constantemente, parecían arder en sangre.
Sus dientes se apretaban tan fuerte al pronunciar cada palabra que no pude comprender lo que quería decirme, traté de conservar la calma, pero fue en vano, no tuve más remedio que sentarme en el piso del cuarto de baño a llorar desconsolada, llena de miedo y espanto.
Regresé a mi habitación y la encontré llena de zumbidos, vi un par de patitas en extremo delgadas sobre mi cama, lo que no me permitió conciliar el sueño sino hasta que el sol dejó ver sus primeros rayos; cuando desperté esperando que todo hubiese sido un sueño, me encontré llena de manchas de colores derramadas por todo mi cuerpo: reacción alérgica.
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