domingo, 4 de mayo de 2014

Ojos de menguante

Hace un par de noches soñé contigo, fue tan real, estabas esperándome bastante ansioso, incluso pusiste en la puerta de tu casa un cartel con la foto de los dos, para que te pudiera encontrar. Yo no me decidía, siempre has sido tan huidizo, eso lo recuerdo hasta en los sueños, así que no quería verte por mas que me llamaras por todos los medíos, incluso me enviaste un mensaje de texto, y fue raro, porque nunca te dí mi número. 

Al final, decidí no darle mas largas al asunto y busqué un lugar de dónde mensajearte, pero ahí estabas tu, esperándome con tus mejillas color rosa, parecías un sueño dentro de un sueño y no pude hacer otra cosa que besarte, a sabiendas de lo reacio que sueles ser a las demostraciones de cariño que se dan en el enfrentamiento de los labios de dos seres que se atraen; pero me besaste, no dijiste nada, solo me miraste con ese par de ojos redondos cual luna recién avistada en el cielo durante los primeros días de menguante.

Luego del beso, misteriosamente estábamos en la sala de tu casa, nos sentamos el uno al lado del otro y no pudimos hacer otra cosa que mirarnos, y así durante lo que restó del sueño.

Anoche te volví a soñar, esta vez sin tanta parafernalia en lo relativo a la búsqueda del otro, simplemente me encontré con tu cara en mi propia casa, mi hermana te había traído y yo no sabía que hacer, porque otra vez traías esos ojos de luna en menguante, entonces opte por quedarme ahí ahí frente a ti, y no pudimos hacer otra cosa que mirarnos, y así durante lo que restó del sueño.

Esta noche no quiero volverte a soñar, tengo miedo de que se acabe el menguante, que me encuentre contigo pero ya no tengas ojos para verme.

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