Estaba yo muy tranquila, descasando luego de un delicioso almuerzo salteado con especias traídas del mal llamado "viejo continente", cuando de un modo poco ortodoxo aparece en mis oídos un ruido algo aturdidor que lentamente fue tornándose en melodía, una melodía que me buscaba, que me llamaba, que me instaba a no parar de escucharla, que me invitaba a sumergirme en ella, mas no me instigaba a buscar visualmente su origen.
Yo, al estilo mas felino, como un buen gato -tipo michín-, decidí aventurarme a buscar una imagen que respaldara la que había creado en mi imaginación, y... qué me encontré, pues una larga cabellera que se meneaba al ritmo del viento, llevándole la contraria a esos sonidos que emitía el instrumento que se aferraba al cuerpo de aquel intérprete.
Por su parte los pájaros, los alcahuetes, los culpables de gran parte de las historias inusuales que ocurren en este país sin nombre, tuvieron la osadía de llamar a su amigo Viento para que enredara la larga cabellera de su amigo no menos querido Músico, aquel loco que quería opacar los trinos acostumbrados del medio día encantando a los espectadores.
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