La Negra, mi hermana la más alegre y danzarina de las siete mujeres que nacimos del vientre de mi madre, la misma que fui a despedir días atrás con un abrazo, una música brasilera, un baile y un angel de la guarda.
Su partida fue intensa y dolorosa, para ella, para la familia, para mi madre y mi padre y yo me pregunto: por qué la vida nos pone a prueba con desafíos tan intensos como verlos a ellos dando un ultimo adiós a su hija, llorándola y celebrando el final de su sufrimiento? Ver a una madre y a un padre llorar la muerte de una hija duele en lo profundo del corazón, llega hasta el fondo del pecho y no queda otra cosa que abrazar, llorar y agradecer.
Todavía estoy elabrorando el duelo, todavía la recuerdo, todavía lloro, todavía me veo bailando y me río recordándola.
Hoy me puse a ver algunas fotos que tomé las ultimas veces que estuve en Santa Fe de Antioquia y me acordé de ella, de su risa, de su espíritu vivo, libre y revolucionario, una mujer fuerte, valiente, sin tapujos, sin miedo a cambiar su propia historia y a romper los esquemas establecidos socialmente.
Hace un poco más de dos años caminamos juntas por las calles del pueblito viejo, hablamos de la maternidad, de la vida fuera del país, de los miedos, de los vínculos afectivos, de los viajes, la economía y la vida misma; salimos a bailar al parque, comimos empanadas de iglesia y papitas criollas, también fuimos a bañarnos con jabóm rey en el Tonusco y bautizamos al Preto en sus aguas como mujeres sacerdotizas.
Este año volví a Santa Fé y ella estaba de otra forma, repesentada en el calor de la ciudad, en las flores que adornan las puertas de las casas del pueblo, en las aguas correntosas del Tonusco, en los gallinazos posados en su ribera, en la arena que se deshacía en el agua, en el baño que tomamos con mi mamá y mi tia Magdalena con jabón rey para seguir curando nuestras heridas emocionales, liberarnos y liberarla.
Ese día de baño matutino en el Tonusco la Negra estaba con nosotras, su presencia podía sentirse cerca, la vimos hacer metamorfosis, representarse en un ave de alto vuelo, un gallinazo, por eso cada vez que veo un gallinazo pienso en ella y sonrío.
Caminé sola por las calles de Santa Fé de Antioquia, no bailé, pero si me reí, descubrí partes de su vida que no conocía, limpié su memoria y atesoré en mi corazón los mas lindos recuerdos...ahora tengo un vestido que alguna vez fue suyo y cada vez que lo uso me siento abrazada, aprovecho para bailar y continuar celebrando la vida.

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